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Nuestro Blog: La Mística

En Reflexiones Católicas estrenamos nuevo blog dedicado a La Mística y Los Místicos, donde encontrarás artículos, biografías, vídeos...
 
 
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Lecturas del día 08-02-2018

LITURGIA DE LA PALABRA.

1Re 11,4-13: “Salomón hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor como su padre David”
Salmo 105: “Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo”
Secuencia (ad libitum) Ofrenzcan los cristianos)
Mc 7,24-30: Curación de la hija de la sirofenicia

La protagonista de hoy en el evangelio es una síntesis de todas las marginaciones posibles. Ante todo es mujer, desde el punto de vista religioso es pagana, no aparece un hombre que la represente, es extranjera y tiene una hija enferma, solo le faltó decirnos que también era pobre y viuda. Todo un reto para hacer una lectura desde los marginados.

Y en ese contexto nos encontramos con un Jesús, que si lo analizamos bien, nos aparece un poco extraño. Está buscando privacidad para aislarse de la multitud, solo quiere trabajar primero por los suyos, los de su pueblo y además es grosero en el trato con la mujer, no se amilana para comparar a los que no son judíos con los perros, podríamos decir que se le salió el complejo de superioridad. Vemos a un Jesús muy humano, casi “limitadamente humano” en esta historia.

Pero la respuesta astuta de esta mujer deja a Jesús sin otra opción que concederle el milagro que solicitaba para su hija. La mujer acepta la respuesta de Jesús pero la discute reivindicando el derecho que tienen los perrillos de comer, por lo menos, las migajas. Ella se conforma con las migajas.

Esta mujer humilde denuncia de una manera sutil los prejuicios del mismo Jesús y reclama sus derechos. Lo hace con su palabra, porque no se queda callada ante la negativa de Jesús y con su fe. Esta mujer evangelizó y le enseño a Jesús una lección: la situación social no puede ser obstáculo para hacer el bien a quien lo necesita. Y Jesús aprendió y fue capaz de cambiar, hizo su proceso de cambio y conversión. También en esto tenemos a Jesús como modelo.

PRIMERA LECTURA.
1Reyes 11,4-13
Por haber sido infiel al pacto, de voy a arrancar el reino de las manos; pero dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a David

Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses extranjeros; su corazón ya no perteneció por entero al Señor como el corazón de David, su padre. Salomón siguió a Astarté, diosa de los fenicios, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor como su padre David. Entonces construyó una ermita a Camós, ídolo de Moab, en el monte que se alza frente a Jerusalén, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban en honor de sus dioses.

El Señor se encolerizó contra Salomón, porque había desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y que precisamente le había prohibido seguir a dioses extranjeros; pero Salomón no cumplió esta orden. Entonces el Señor le dijo: "Por haberte portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida."

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 105
R/.Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo, visítame con tu salvación. R.

Emparentaron con los gentiles, imitaron sus costumbres; adoraron sus ídolos y cayeron en sus lazos. R.

Inmolaron a los demonios sus hijos y sus hijas. La ira del Señor se encendió contra su pueblo, y aborreció su heredad. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Marcos 7,24-30
Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: "Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos." Pero ella replicó: "Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños." Él le contestó: "Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija." Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor


Reflexión de la Primera Lectura: 1 Reyes 11, 4-13. “Salomón hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor como su padre David”

El motivo por el que en tiempos de Salomón estaban prohibidos en Israel los matrimonios con mujeres extranjeras era evitar el pecado de la idolatría. En él cayó Salomón. En la vejez, subraya el texto, y siguiendo a los ídolos de sus numerosas mujeres, construyó altares para adorar a todas las divinidades de los pueblos vecinos. Se menciona incluso el monte donde construyó estos altozanos, el monte situado frente a Jerusalén, llamado “de los escándalos”. Salomón había apartado su corazón del Señor, Dios de Israel, y el Señor se indignó contra él. La consecuencia de la infidelidad al Dios único fue la división del reino.

Es útil tener en cuenta el hecho de que estos pasajes del primer libro de los Reyes son textos tardíos, pues fueron escritos en la época del exilio o después, cuando la situación de gran sufrimiento en que se encontraba hacía vivir a Israel un replanteamiento en clave teológica de toda la historia del pueblo. Era acuciadora la pregunta sobre el porqué del exilio, de la dispersión del reino y de la vejación que sufría, acuciadora como el deseo de revivir la unidad y la paz del reino davídico. Este deseo se funda en la certeza de que, a pesar de la infidelidad del hombre —la Biblia no esconde, en efecto, los defectos y pecados de Salomón, como tampoco escondió los de David, su padre—, Dios permanece fiel a su alianza y a su promesa de paz.

-En la ancianidad de Salomón sus mujeres inclinaron su corazón tras otros dioses.

La posesión de muchas mujeres era entonces un signo de riqueza y notoriedad más que de depravación de las costumbres.

De hecho, lo que se reprocha aquí es la idolatría.

En aquel tiempo, la mujer era considerada como el lugar misterioso de fuerzas incontrolables, y recurría gustosa a la magia para dominar las fuerzas que rigen la fecundidad o la esterilidad. Las mujeres de Salomón permanecían así en contacto con los cultos de su clan y de su pueblo.

-Astarté, diosa de los sidonios... Milkom, ídolo abominable de los ammonitas... Kemós, dios de Moab... Sus mujeres extranjeras ofrecían sacrificios a sus dioses. El Señor se irritó contra Salomón.

Fecundidad. Esterilidad. Contracepción. Regulación de nacimientos.

Es un tema de reflexión que sigue siendo actual y un problema siempre renaciente. Como en tiempo de Salomón. En comportamientos muy concretos, aun cuando sean diferentes, es donde se juega nuestra fidelidad a Dios. La sexualidad queda siempre como uno de los puntos en los que se juega la dignidad del hombre.

«Milkom» es calificado de ídolo abominable, ¡porque se le ofrecían sacrificios de niños recién nacidos que se hacían pasar por el fuego!

Líbranos, Señor, de todos nuestros ídolos. Libera a la humanidad de sus ídolos abominables.

Ayúdanos, Señor, a progresar siempre más en humanidad. Hay que progresar la ciencia y el saber para que los hombres no tengamos necesidad de recurrir a ninguna clase de magia.

-Porque tal ha sido tu modo de comportarte... Y porque no has guardado mi alianza, ni las prescripciones que te ordené...

Dios no es indiferente a los comportamientos humanos.

Le interesan. Hay cosas que no pueden hacerse.

Aunque no sea siempre fácil determinar «lo que está bien y lo que está mal», tenemos que «buscar lo que es mejor».

Sabemos que las normas morales son ambiguas y que han evolucionado al correr de los siglos, es cierto. Pero eso no nos dispensa de buscar lo que está «bien», lo que construye... ni de evitar lo que está «mal», lo que destruye... De otra parte, el bien y el mal están inextricablemente mezclados, según Jesús. En nosotros, en nuestros comportamientos y decisiones, hay una parte de «buen grano» y otra de «cizaña». Lo esencial es no resignarnos, por cansancio o hastío, a hacer «cualquier cosa», o bien a hacer solamente «lo que nos gusta».

-Se enojó el Señor contra Salomón porque había desviado su corazón del Señor...

A través de nuestro combate moral, es Dios quien está «en juego». Es nuestra relación con Dios la que sale maltrecha o reforzada.

«Apartarse de Dios»... «observar la Alianza»...

Son palabras que se refieren al amor. El pecado es ante todo una rotura entre nosotros y Dios.

Me reconozco pecador, ¡oh Padre! Al pensar en mis pecados habituales, dirijo a Ti mi súplica, Señor.

Reflexión del Salmo 105: “Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo”

Este largo salmo fue compuesto, con la mayor probabilidad, después del regreso de la cautividad de Babilonia. Como el 78, nos ofrece una vista retrospectiva de lo que Dios hizo con Abraham y sus descendientes hasta el tiempo en que los israelitas tomaron posesión de la Tierra Prometida. Tras el prefacio (vv. 1-7), vemos: I. El pacto de Dios con los patriarcas (vv. 8-11). II. Su cuidado de ellos mientras iban peregrinando (vv. 12-15). III. Un resumen de la historia de José con su promoción a primer ministro de Egipto (vv. 16-22). IV. El incremento de Israel en Egipto y su liberación de Egipto (vv. 23-38). V. El cuidado que tuvo de ellos en el desierto y su asentamiento en Canaán (vv. 39-45).

Versículos 1-7

I. Invitación a glorificar el nombre de Dios.

(A) Hemos de darle gracias (v. 1), como a quien siempre ha sido nuestro munificentísimo bienhechor.

(B) Hemos de invocar su nombre (v. 1), pues de Él dependemos para recibir todo favor. Orar por nuevos favores es reconocer los favores ya recibidos.

(C) Demos a conocer sus obras (v. 1b), para que otros se unan a nosotros en las divinas alabanzas. Pregonemos todas sus obras maravillosas (v. 2), como hablamos de las cosas que nos llenan de gozoso asombro. Deberíamos hablar de ellas estando en casa y andando por el camino (Dt. 6:7).

(D) Cantemos salmos (v. 2) en honor de Dios, como gozándonos en Él y deseando dar testimonio de ese gozo y transmitirlo a la posteridad, como pasaban de mano en mano antiguamente, en poemas y romances, los hechos memorables, cuando escaseaban los escritos.

(E) Gloriémonos en su santo nombre (v. 3, comp. con 33:21), no en nuestras propias realizaciones, sino en el que obra en nosotros y por nosotros (Jer. 9:23, 24).

(F) Busquémosle (v. 4); pongamos en Él nuestra felicidad, busquemos su poder, es decir, su gracia, la fuerza de su Espíritu para obrar en nosotros lo que es bueno, agradable y perfecto (Ro. 12:1), lo cual no podemos hacer nosotros por nuestras propias fuerzas, sino por la fuerza derivada de Él; busquemos su rostro mientras estamos en este mundo, y lo conseguiremos cuando vivamos en el otro mundo (v. Ap. 22:4), y aun entonces lo buscaremos en progresión infinita y eternamente satisfechos.

(G) «Alégrese el corazón de los que buscan a Yahweh (v. 3b), pues saben que han hecho bien, ya que no se le busca en vano. Y, si tienen motivo para alegrarse los que le buscan ¡cuánto más lo que le hallan!

2. Algunas razones para animarnos a cumplir esos deberes.

(A) Consideremos lo que ha dicho, así como lo que ha hecho, para comprometernos a seguirle. Recordemos las maravillas de su Providencia a favor nuestro (v. 5) y de los que nos han precedido —de los portentos a favor de su pueblo (las plagas de Egipto) y de tos juicios ejecutados contra los egipcios (Ex. 6:6; 7:4).

(B) Consideremos la relación con su pueblo (v. 6): «Oh vosotros, descendencia de Abraham su siervo; hijos de Jacob, sus escogidos, en el sentido que a continuación se expresa.» Como diciendo: «Sois hijos de padres piadosos ¡no degeneréis! ¡Seguid las pisadas de aquellos cuyos honores y privilegios habéis heredado!»

Versículos 8-24

Aquí se nos exhorta, al alabar a Dios, a echar una mirada retrospectiva a los orígenes de Israel. Podemos aplicarlo a los orígenes de la Iglesia; hallaremos abundante materia de alabanza y acción de gracias en las historias de los Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, como el salmista la halla en las historias del Génesis y del Éxodo.

I. La promesa de Dios a los patriarcas, de que había de dar la tierra de Canaán en herencia a su posteridad, lo cual era tipo de la promesa de vida eterna, hecha en Cristo a todos los creyentes. En todas las obras maravillosas que hizo Dios por Israel, se acordó para siempre de su pacto (v. 8), y para siempre se acordará. En un lugar paralelo (1 Cr. 16:15), el texto masorético lo expone como un deber del pueblo: «Acordaos siempre de su pacto» (aunque es, sin duda, un error de los masoretas). Se llama «pacto» porque se requiere algo de parte de los recipiendarios como condición para el cumplimiento de la promesa. Véase en He. 6:13, 14 a quiénes juró por sí mismo. El pacto mismo (v. II): «A ti te daré la tierra de Canaán.» Los patriarcas tenían derecho a ella, no por la providencia, sino por la promesa; y su descendencia había de entrar a poseerla, como porción o suerte de su heredad, por natalicio, que es título bien seguro; les había de llegar como un favor de Dios, no por sus méritos. El Cielo es nuestra heredad (Ef. 1:11). «Y ésta es la promesa que Él nos hizo, la vida eterna» (1 Jn. 2:25; comp. con Tito 1:2).

II. Sus providencias con los patriarcas mientras aguardaban el cumplimiento de la promesa, por donde vemos el interés que Dios muestra por su pueblo en este mundo mientras aguardamos la entrada en la Canaán Celestial, pues estas cosas les sucedieron a ellos como ejemplos (v. 1 Co. 10:6) y estímulos para todos los herederos de la promesa, a fin de que vivan por fe como ellos vivieron.

1. Fueron protegidos y resguardados prodigiosamente y, como lo expresa la tradición judía, reunidos bajo las alas de la divina majestad. Esto es lo que se nos declara en los vv. 12-15. Estuvieron expuestos a muchos peligros, pero a los tres famosos patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob, les fueron hechas grandes promesas; una y otra vez les dijo Yahweh que Él sería su Dios. Aun en este mundo, no les faltó nada, pero, a fin de que se mostrase que hacía por ellos cosas extraordinarias, les ejercitó también con extraordinarias pruebas:

(A) Abraham fue llamado por Dios cuando no era más que uno solo (Is. 51:2). Véase cuan pocos eran al principio.

(B) Eran forasteros en todos los lugares y, por tanto, expuestos a los abusos de los nativos. Su religión misma era bastante para que se les considerase como moteada ave de rapiña que concita la enemistad y la persecución de otras aves de rapiña (v. Jer. 12:9).

(C) No estaban asentados en un lugar fijo (v. 31): «Andaban de nación en nación, de una parte del país a otra, de un reino a otro pueblo; de Canaán a Egipto, de Egipto al país de los filisteos, forzados por el hambre. Pero eran guardados por una especial providencia de Dios (vv. 14, 15). No podían valerse a sí mismos. Sin embargo:

(D) A nadie se le permitió hacerles daño, pues aun los mismos que les odiaban se veían con las manos atadas y no podían hacer lo que querían (v. Gn. 26:11; 35:5). Dice Arconada: «Llama a los patriarcas ungidos, en sentido amplio de escogidos por Dios como instrumentos de su obra de salvación, y profetas, porque transmitían a otros la palabra de Dios que ellos recibían.» Por eso, Abraham es llamado por Dios mismo «profeta» en Gn. 20:7.

2. También fueron alimentados prodigiosamente por Dios. Para poner a prueba su fe, Dios quebrantó todo sustento de pan (v. 16b) en la tierra donde vivía Jacob con sus hijos y nietos, pero pronto vino en socorro de ellos, por cuanto estaban allí dependiendo de su promesa y, por eso, no podía permitir honrosamente el que les faltara lo más indispensable para vivir. Así como impidió que un Faraón les hiciese daño, así también suscitó otro Faraón que les hiciese el bien, al promover a José a gobernador del país, como vemos en el resumen que los vv. 16-22 nos ofrecen.

(A) Muchos años antes de que comenzase el hambre, le envió delante de ellos (v. 17), precisamente para que les remediase el hambre. No fue a Egipto como un emisario, sino como esclavo (v. 17b), esclavo de por vida, sin perspectiva humana de recobrar la libertad.

(B) Todavía descendió más abajo, pues de esclavo pasó a encarcelado (v. 18), por causa de una infame calumnia. Dice el hebreo (v. 18b):

«En el hierro entró su alma», frase poética, sumamente expresiva de los sufrimientos de la cárcel.

(C) Allí continuó, sin que se le entablara proceso, hasta la hora en que se cumplió su predicción (v. 19) —quizá la de sus propios sueños (Gn. 37:5-11), más bien que la de los sueños de 40:8 y ss. —y le acreditó el dicho (lit.) de Yahweh, implícito en los sueños. Ese mismo «dicho de Yahweh», según otra versión del verbo hebreo, «le puso a prueba». Su fe hubo de ser puesta a prueba duramente cuando, en lugar de verse inmediatamente promocionado, se vio encarcelado (y, sin duda, durante varios años). Llega siempre la hora en que la palabra de Dios viene en auxilio de los que confían en Él (Hab. 2:3). «Envió el rey y le soltó» (v. 20). No sólo eso, sino que lo puso por señor de su casa, y por gobernador de todas sus posesiones (v. 21, comp. con Gn. 45:8). Así quedó José en disposición de instruir (más bien que «reprimir») a los grandes de Faraón, es decir, a los altos funcionarios de la corte, y de enseñar sabiduría a los ancianos (v. 22), esto es, a los consejeros del rey.

3. En Egipto se multiplicaron en gran manera (v. 24), según la promesa hecha a los patriarcas, después que Jacob vino a Egipto (v. 23) con sus hijos y nietos.

Versículos 25-45

Tras la historia de los patriarcas viene la historia del pueblo de Israel, luego que llegó a ser nación.

1. Su aflicción en Egipto (v. 25): «.Cambió el corazón de los egipcios, que les habían acogido y protegido, para que aborreciesen a su pueblo y tramasen astutamente el mal contra sus siervos (v. 25). La bondad de Dios con su pueblo exasperaba a los egipcios contra ellos. Se dice que Dios cambió el corazón de los adversarios de su propio pueblo, como una manera de expresar los admirables designios de la Providencia de Dios a fin de provocar así el éxodo de Israel de Egipto. En Ex. 1, podemos ver los astutos planes del Faraón para acabar con los niños varones de los israelitas.

2. Su liberación de Egipto, la cual, para que no la olvidasen, figura siempre como prólogo a los diez mandamientos (Ex. 20:2; Dt. 5:6).

(A) Los instrumentos de que se sirvió Dios para tal liberación (v. 26); «Envió a su siervo Moisés (así llamado desde Ex. 14:31) y a su hermano Aarón.» Al primero lo escogió para ser el primer magistrado de la nación; al segundo, para ser el primero, y sumo, sacerdote.

(B) Los medios para llevar a cabo la liberación fueron las plagas de Egipto (vv. 27-36). Casi todas se especifican aquí, aunque no en el mismo orden en que sucedieron: (a) La plaga de tinieblas (v. 28), que fue una de las últimas, aunque aquí se menciona la primera, quizá por la importancia que los egipcios, adoradores del sol, daban a las tinieblas. El texto hebreo dice en la 2." parte del versículo: «Y no fueron rebeldes a la palabra de Él», expresión extraña que tal vez se ponga aquí en contraste con lo sucedido en Meribá (Nm. 20:24; 27:14). La mayoría de los MSS de los LXX suprimen el «no» y resuelven la dificultad aplicando la frase a los egipcios (como lo hacen la mayoría de las versiones). La Nueva Versión Internacional encabeza la frase con una interrogación: «¿Acaso no habían sido rebeldes a sus palabras?» no muy conforme con las reglas gramaticales del hebreo; todo esto es nota del traductor), (b) La conversión de las aguas del Nilo (que los egipcios adoraban) en sangre (v. 29), con la consiguiente muerte de los peces; ésta fue, en realidad, la primera plaga (v. Ex. 7:14 y ss.). (c) En tercer lugar, viene la que fue segunda plaga (Ex. 8:1 y ss.). (d) A continuación, la cuarta y la tercera plagas (Ex. 8:20 y ss.; 8:12 y ss.). (e) Sigue la plaga de granizo (vv. 32, 33, comp. con Ex. 9:18 y ss.), con los destrozos que causó en el arbolado, (f) Omitiendo las plagas quinta y sexta, pasa a la octava (vv. 34,35, comp. con Ex. 10:4 y ss.). (g) Concluye con la que dio el golpe final, la muerte de los primogénitos (v. 26, comp. con Ex. 11:1 y ss.).

(C) Los beneficios que acompañaron a esta liberación. Se habían empobrecido y, sin embargo, salieron enriquecidos, pues los sacó con plata y oro (v. 37). La vida les había resultado amarga; estaban quebrantados de cuerpo y espíritu; sin embargo, cuando Dios los sacó, no hubo en sus tribus ninguno que flaqueara, ni de enfermedad, ni de cansancio (comp. Is. 5:27). Habían sido perseguidos e insultados, pero salieron con honor (v. 38). Sus años se habían pasado en la tristeza y las penalidades de la esclavitud, pero los sacó con gozo (v. 43).

(D) El cuidado especial que tuvo de ellos en el desierto (vv. 39-42). «Extendió una nube por cubierta» (v. 39, comp. con Ex. 13:21), no sólo como sombrilla, sino también como lienzo pomposo. Las nubes son presentadas, a veces, como pabellón de Dios (v. 18:11); aquí es pabellón de Israel. Y «para alumbrarla noche», la columna era de «fuego» (comp. con Ex. 14:20). También los alimentó, no sólo con el pan necesario, sino también con manjares exquisitos (v. 40), conforme le «pidieron». Y, para apagar su sed, «abrió la peña y fluyeron aguas» (v. 41).

(E) Su entrada, por fin, en Canaán (v. 44): «Les dio las tierras de los gentiles y, así, heredaron las labores de los pueblos, es decir, el fruto de los trabajos de los pueblos que habitaban la región: las casas que habían edificado y las plantaciones que habían hecho antes de que llegasen los israelitas.

(F) Los motivos por los que Dios llevó a cabo todo esto a favor de ellos: (a) Porque quería cumplir las promesas que les había hecho (v. 42):

«Porque se acordó de su santa palabra (de la palabra garantizada por su santidad) dada a Abraham su siervo», y no podía permitir que cayese de esa palabra ni una jota ni una tilde (v. Dt. 7:8). (b) Porque quería que ellos cumpliesen los preceptos de su palabra, a fin de que quedasen ligados al mejor beneficio que pudo concederles. Habiéndoles dispensado tantos beneficios, bien podían recibir con todo gozo sus estatutos y cumplir sus leyes (v. 45), pues estaban designadas para el mayor bien de ellos, por lo que debían ser no sólo obedientes, sino agradecidos, a la voluntad de Dios. Y el aleluya con que concluye el salmo puede entenderse como un agradecido reconocimiento de los favores de Dios.

Reflexión primero del Santo Evangelio: Marcos 7,24-30. "Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños"

Una vez que se fue de la llanura de Genesaret, donde había curado a muchos y donde se había desarrollado la disputa con los fariseos, prosigue Jesús su viaje fuera de Galilea, en territorio pagano, y allí realiza dos curaciones: la de la hija de una mujer pagana y la de un sordomudo. Estamos en la región de Tiro, en la costa mediterránea. Se adelanta una mujer. Es una cananea, sinónimo de idólatra, y, por si fuera poco, de origen griego, es decir, pagana. ¡Un verdadero golpe de escena!

Pero Jesús no se esconde de esta mujer. En el diálogo que ambos mantienen abra toda la tensión entre el papel preeminente de Israel en la historia de la salvación, una tensión que se expresa con la metáfora de los «hijo» y de los «perros», y el universalismo de la salvación, anunciado en la respuesta de la mujer, que con una confesión de fe, única en Marcos, reconoce a Jesús como «Señor-Kyrios». La tensión se resuelve con la liberación de la hija de esta mujer del espíritu inmundo. El contexto en el que nos encontramos todavía es el de la magna «sección de los panes», que abarca los capítulos 6,30—8, 10.

Volvemos a encontrar, en efecto, una referencia explícita al tema del «pan» en las réplicas (vv. 27 y 28) entre Jesús y la mujer, donde se habla del «pan de los hijos» y de las migajas que comen los perrillos. Por otra parte, el episodio está en estricta continuidad con la disputa con el legalismo judío, pero aquí se dirige la atención hacia el mundo y la cultura paganos (hemos de tener en cuenta que Marcos escribe para una comunidad cristiana griega). No se trata de un relato de milagros ni de un apotegma, sino de un fragmento que se inserta en el ardor de la controversia mantenida con los judíos y destinada a confirmar el hecho de que, en Cristo, el concepto de puro-impuro ha quedado anulado, que la Buena Noticia, la salvación obrada por él, es para todos los hombres.

Precisamente con esta mujer, extranjera en tierra extranjera, es con quien se identifica la Iglesia, misionera y católica. En una palabra, universal. Frente a este evangelio se descubre que la catolicidad de la Iglesia no es un hecho institucional, como estamos acostumbrados a pensar, sino que tiene que ver profundamente con su esencia, con su llamada y con su misión. En efecto, la Iglesia, extranjera entre los extranjeros, pobre entre los pobres, prosigue la obra de la encarnación a través de los cristianos.

De igual modo que Cristo ha asumido en sí mismo toda la humanidad, así también la Iglesia se inserta y se somete profundamente, casi suplicante, al esfuerzo de la humanidad que tiende a su plenitud, al movimiento del espíritu humano que tiende a Cristo. Se trata de una inversión o conversión que constituye la catolicidad de la Iglesia, para que todo el esfuerzo humano converja en ella hacia su punto de atracción y de comprensión. Y lo haga con un movimiento de inclusión, de integración, de asimilación de la humanidad a la humanidad de Cristo.

La «católica» es esa mujer extranjera del evangelio que busca a Cristo en tierra extranjera, que no permite que siga siendo desconocido, que se sitúa frente a la verdad de sí misma, humilde entre los humildes, no se defiende, hasta ser capaz de reírse de ella misma, y descubre al mundo la verdad que Cristo le revela sobre sí misma: «Sí, Señor». Implora para todos que las migajas, los elementos parciales de la humanidad, su hija —herida, enferma, desconcertada, confusa—, sean reorientadas, recompuestas, asumidas, integradas, curadas, ensalzadas, entregadas de nuevo a la plenitud de Cristo.

Reflexión segunda del Santo Evangelio: Mc 7,24-30. Una sirofenicia intercede por su hija.

Contexto bíblico. El pueblo judío, en su gran mayoría, había incurrido en el fanatismo de creer que ellos y sólo ellos tenían el monopolio de la salvación. Los paganos eran “inmundos” y el trato con ellos era contagioso; por eso no se podía ni entrar en su casa. Esta actitud refleja el reparo que, con suave ironía, pone Jesús a la cananea: “El pan es para los hijos, no para los perros”. La palabra perro era el calificativo insultante con que designaban los judíos a los paganos. A algunos cristianos venidos del judaísmo les costaba despojarse de esta actitud y admitir la igualdad absoluta de todos los hombres y el amor incondicional de Dios hacia todos los humanos, como hijos suyos que son.

El milagro acontece en la región fenicia de Tiro (hoy Líbano). La familia del relato es pagana. Marcos sitúa el milagro en la “sección de los panes”, en la que recoge la acción salvadora de Jesús entre los
paganos. La intención del relato es, pues, reafirmar la actitud universalista de las comunidades cristianas apoyándose en la actitud abierta y universal de Jesús. El no sólo multiplica los panes en beneficio de los judíos, sino que verifica otra multiplicación en territorio pagano, para indicar que también ellos tienen derecho a los bienes del Reino.

Pero los primeros destinatarios eran los judíos, predestinados a acoger al Mesías y su salvación, y llevarla a las naciones de la tierra. Por eso, en un primer momento, Jesús envía a sus discípulos “a las ovejas extraviadas de Israel”, sin penetrar todavía en territorio pagano (Mt 10,6). Pablo, en Antioquia de Pisidia, al ver que los judíos, “llenos de envidia, se oponían”, les increpa: “Era menester anunciaros primero a vosotros el mensaje de Dios; pero como lo rechazáis, sabed que vamos a dedicarnos a los paganos” (Hch 13,45-46).

Repito que el proyecto de Jesús es anunciar la Buena Noticia en círculos cada vez más amplios hasta llegar a los confines del mundo: “Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo” (Hch 1,8). Es exactamente lo que hace Pablo: comienza por los lugares más inmediatos hasta llegar al “finis terrae” (Rm 15,19-24).

La fe que hace milagros. Frente a los guías religiosos, con una abigarrada práctica religiosa, pero que no creen, Jesús propone a una pagana como modelo de fe. Presumen de hijos de Abrahán, pero lo son únicamente los hombres de fe. La Escritura, previendo que Dios rehabilitaría a los paganos por la fe, le adelantó a Abrahán: “Por ti serán benditas todas las naciones”. Así que son las personas de fe las que reciben la bendición con Abrahán el creyente (Gá 3,7-9).

Lo de menos es tener su herencia biológica. Ciertamente, la cananea demuestra una fe a toda prueba, a pesar de la aparente y reiterada negativa de Jesús; el duelo que él desencadena para probarla, pone de manifiesto su firmeza. Jesús la elogia: “Mujer, qué grande es tu fe” (Mt 15,28). Esto es lo que pone de relieve el relato: Que lo decisivo es tener la fe de esta mujer. Es el mismo mensaje de la curación del hijo del centurión: “Ni en Israel he encontrado tanta fe” (Mt 8,10).

No es la condición de la persona lo que determina la cercanía de Dios, sino su fe profunda en Él. Hay algunos seglares que dicen: “Rece, Padre, por nosotros, usted que está más cerca de Dios. A usted Dios le hace más caso”. La eficacia de la oración no depende del estado que se tiene, sino de la fe. Lo que constituye a una persona en hijo de Dios, hermano y discípulo de Cristo, no son los vínculos institucionales con la Iglesia ni la práctica religiosa, ni el asentimiento pasivo a la letanía de dogmas (“fe muerta” St 2,17), sino la adhesión comprometida a Cristo, que impulsa a su seguimiento y se hace invocación: la oración es la fe en ejercicio.

Pablo afirma: “Lo que vale es una fe que se traduce en amor” (Gá 5,6). Y Santiago asegura: “La fe, si no tiene obras, está muerta” (St 2,17). A semejanza de lo que ocurría con respecto a la cananea que, estando al margen de la sinagoga, tenía sin embargo más fe que los escribas y fariseos, encuentra el Señor más fe en personas que no pertenecen a la Iglesia institucional que en algunos cristianos de nombre y herencia. Más vale ser un buen pagano que un mal cristiano. Jesús mismo recrimina a los apóstoles, judíos piadosos, ser “hombres de poca fe” (Mt 8,26).

Cristo, un derecho de todos. Hay un mensaje evidente en el relato evangélico: la salvación mesiánica no es exclusiva del pueblo judío, sino que también los extranjeros tienen derecho a sentarse en la mesa de los hijos de Dios. De la misma manera que María adelantó la “hora” de los milagros, la cananea adelantó con su plegaria ardiente la “hora” de la evangelización de los paganos.

Marcos recuerda con este relato la urgencia misionera de los cristianos de ir a los nuevos paganos, de cruzar la “frontera”. Actualmente ésta no es geográfica ni étnica, sino ideológica y social. El mundo “pagano” de hoy son los jóvenes, los intelectuales, los obreros, los elementos más dinámicos de la sociedad. Nos contentamos con compartir nuestras “convicciones religiosas” con “los de casa”; nos asusta la intemperie, el diálogo con quienes cuestionan nuestra religiosidad; preferimos, en el tema religioso, intercambiar ideas y comentarios con familiares, vecinos, compañeros que piensan como nosotros, “son de los nuestros” en sentido religioso, antes que adentramos en “tierra de paganos” para proclamar la Buena Noticia y sembrar en tierras sin roturar. Sin embargo, como porfiaba la cananea, tienen derecho a los manjares del Reino, a Cristo, porque vino para todos y es un derecho absolutamente de todos.

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Mc 7, 24-30. En la Iglesia no hay extranjeros.

El episodio está situado en el exterior, en el territorio pagano de Tiro y Sidón, como preludio de la misión universal de la Iglesia. El relato está dominado por el diálogo de Jesús con la mujer pagana. Algunas de sus palabras y expresiones, que podrían chocar con la sensibilidad del lector moderno por su dureza y falta de cortesía, expresan en realidad un paso gradual y son, a fin de cuentas, la atestación de la estima por un mundo que antes había sido dejado al margen y queda rehabilitado ahora. El esquema del relato es el típico del milagro: la situación de necesidad y la petición dirigida a Jesús (vv. 24-26); la acreditación de la presencia de la fe, necesaria para que tenga lugar el milagro (vv. 27s); la palabra dotada de autoridad que lleva a cabo el milagro, así como la verificación del mismo (v 29s).

Aunque Jesús se encuentra en el exterior, su fama le ha precedido: no puede permanecer en el anonimato. Se presenta una mujer que asume un papel protagonista. Le pide que intervenga en favor de su hijita, poseída por el demonio. La petición de la mujer expresa su angustia materna, pero también su gran confianza en Jesús. En contra de ella, sin embargo, según la mentalidad de la época, juegan los factores étnicos, culturales y religiosos: se trata de una mujer y, por consiguiente, no es normal que se dirija a un maestro; además, es de nacionalidad pagana.

Su petición expresa una audacia que roza los límites de la insolencia. Las palabras de Jesús parecen avalar este mundo de prejuicios y de injusticia (v. 27): en sus palabras, «hijos» hace referencia al pueblo elegido, y «perrillos», a los paganos. Jesús emplea un diminutivo de tipo cariñoso, mientras que los judíos acostumbraban a emplear el pesado y despreciativo término de «perros». Ahora bien, Jesús emplea, sobre todo, una técnica de refinada psicología: debe hacer progresar una mentalidad sin crear confusión. Una aceptación plena e inmediata de la petición no habría permitido sacar a la luz los verdaderos sentimientos de la mujer; ésta no habría quedado preparada para una acogida tout court. A continuación, era menester ayudar a los discípulos y a los otros judíos para dar un paso adelante hacia una digna y justa apertura. Jesús adopta el criterio de la gradualidad.

El término «perrillos» era ya un mensaje codificado de que algo estaba cambiando, de que Jesús era un judío diferente a los otros. La mujer se aferra a esta anda y —humildemente, pero también con decisión— reacciona con estas palabras: «Es cierto, Señor, pero también los perrillos, debajo de la mesa, comen las migajas de los niños» (v. 28), y se dirige al rabí con el título solemne de «Señor», expresión de su fe. Jesús queda conquistado por las palabras y por la actitud de la mujer, y cumple su deseo. Le asegura que su hija ha quedado libre del demonio (v. 29). Jesús empieza a derribar así las barreras que separan dos mundos: el judío y el pagano. Los paganos quedan admitidos al banquete. Aquí da la impresión de que deben contentarse con las migajas, pero muy pronto, con la segunda multiplicación de los panes (cf. 8,1-9), se convertirán en comensales con todas las de la ley.

Una mujer, no judía, que no exhibe ningún derecho, pero que adepta recibir también las migajas, es decir, que la admitan a participar del don salvífico que corresponde en primer lugar al antiguo pueblo de Dios, una mujer —decíamos— muestra que el corazón es el espacio decisivo del encuentro con Dios. El título de crédito no es la pertenencia étnica, cultural o religiosa, sino la capacidad de relacionarse con él, aceptando las etapas del crecimiento.

Un desaire o una incomprensión constituyen muchas veces motivo para una ruptura definitiva. Olvidamos que nos pueden servir de tests no elaborados por la ciencia estadística, pero sí preparados por la vida. Cada día se nos pone a prueba para verificar nuestro grado de madurez, de relación con Dios y con los otros. Y si pudiéramos ver el resultado de las votaciones, tal vez deberíamos avergonzarnos. De boquilla todos estamos abiertos y disponibles, firmamos tratados internacionales, suscribimos las declaraciones de dignidad común y de igualdad de todos los hombres. La práctica va con frecuencia por otros derroteros, que permanecen eternamente paralelos, sin cruzarse nunca.

Debemos redescubrir la alegría de ser hermanos, de sentirnos miembros de una misma familia. Estamos unidos a los otros, porque Jesús murió y resucitó por todos, haciéndonos a todos hermanos universales. Este pensamiento teológico, aplicado a la vida, debería estimularnos a crear relaciones menos conflictivas y, sobre todo, a construir un mundo de entendimiento.

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Mc 7, 24-30. En la Iglesia no hay extranjeros.

Lectura del santo evangelio según san Marcos

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo:

- «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos».

Pero ella replicó:

- «Tienes razón, Señor: pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».

Él le contestó:

- «Anda vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».

Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

-Jesús se fue hacia los confines de Tiro. Entró en una casa, no queriendo ser de nadie conocido; pero no le fue posible ocultarse...

Jesús no busca las acciones brillantes. Siempre el secreto mesiánico. La obra de Dios es una labor escondida, que no hace ruido... ni busca hacerlo.

Partiendo de esto, yo me pregunto: ¿Deseo con avidez manifestaciones espectaculares de Dios, de la Iglesia? ¿Acepto francamente la humildad de Dios? ¿Busco acaso sobresalir, ocupar los primeros puestos?

-Una mujer cuya hijita tenía un espíritu impuro, entró y se postró a sus pies.

La expresión "espíritu impuro" se encuentra 23 veces en el Nuevo Testamento.

¡Cuántas madres en el mundo entero, tienen preocupaciones acerca de sus hijos, rezan y confían su preocupación a Jesús!

-Esta mujer era pagana, Sirofenicia de origen.

Marcos lo subraya.

Cuando Marcos redacta su evangelio, en Roma, en pleno núcleo del paganismo, este detalle tiene su importancia.

Quiere mostrarnos que Jesús es efectivamente el fundador de la "misión a los paganos o gentiles". Jesús, de hecho, salió de su país para ir a Tiro, en Siria.

¿Tengo yo, siguiendo a Jesús, un corazón misionero? La Iglesia no puede limitarse a mantener en la Fe a los que ya conocen al Evangelio. El Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia comienza así: "Enviada por Dios a las gentes para ser "el sacramento universal de la salvación obedeciendo el mandato de su Fundador (Mc 16, 16), por exigencias íntimas de su catolicidad se esfuerza en anunciar el Evangelio a todos los hombres".

¿Tengo un corazón universal? "Católico" es una palabra griega que significa "universal".

Dios ama a todos los hombres.

Dios quiere la salvación de todos. Y yo, ¿qué hago para ello?

-Jesús le dijo: "Deja primero hartarse a los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los cachorrillos".

Ella replicó: "Sí, Señor, pero los cachorrillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos." Todo el interés de este episodio está en habernos conservado esta frase. Jesús, ante la suplica de una mujer pagana, acepta que el pan de los hijos, -reservado a los judíos- sea participado también por los "cachorrillos" -es decir por los paganos.

Esto adquiere toda su importancia si recordamos que el gran debate de la Iglesia primitiva fue precisamente este problema de la incorporación de los paganos. Jesús deja claramente entender que el pan del que quiere saciar a las gentes, si bien ha sido destinado primero a Israel, será un día participado por todos.

-Díjole entonces Jesús: "Por eso que has dicho, vete, que ya el demonio salió de tu hija"

Y habiendo vuelto a su casa habló a la niña, acostada en la cama y libre ya del demonio.

A través de estas palabras penetró mejor en la conciencia que tenía Jesús de su papel: no es tan sólo el mesías esperado por Israel, sino el salvador que todos los hombres, todos los pueblos esperan en la oscuridad. Es aquél que puede liberar a todas las razas de sus malos demonios. Es aquél que en todo hombre puede liberar "lo mejor de sí mismo".

Señor, libéranos de nuestros demonios, de todas las fuerzas que nos dominan.

Elevación Espiritual para este día

Tiene albugo en el ojo aquel a quien la ceguera producto de su presunción de sabiduría y de justicia no le permite ver la luz de la verdad. En efecto, si la pupila del ojo está negra, ve, pero si tiene una mancha blanca, no ve nada. Está claro que si el hombre se reconoce necio y pecador en su meditación, llega a la experiencia de la claridad interior. Ahora bien, si se atribuye el cándido brillo de la sabiduría y de la justicia, se excluye por sí mismo de la luz divina; y tanto menos consigue penetrar en la claridad de la verdadera luz cuanto más exalta su presunción a sus propios ojos.

Reflexión Espiritual para el día.

Al cabo de una inmensa preparación, llena de sangre y de luces, una preparación que orienta toda la historia y tiene su propio eje en el destino de Israel, Dios se ha hecho hombre para cambiar el sentido de la muerte y abrir de nuevo a los hombres la plenitud de su vocación. En Cristo, el hombre ha sido restablecido en su dignidad de persona «a imagen de Dios» y por eso, aunque supera infinitamente al mundo, ha sido llamado a transformarlo en «cuerpo de Dios» a través de la difusión de la eucaristía. La meditación de la Iglesia antigua —que fue sintetizada por la regla de fe elaborada por los siete grandes concilios ecuménicos— ha hecho posible el desarrollo de la ciencia y de la técnica «occidentales». Esta meditación está sellada por la sangre de los mártires y por la luz de los transfigurados.

La historia y el cosmos fueron arrancados así a los dioses y entregados al hombre, aunque sólo en la medida en que el hombre se reconoce criatura y sólo mientras su técnica permanezca al servicio de la celebración. La rebelión moderna constata que «dios» se reduce a unas dimensiones muy determinadas de este mundo: proyección de la lucha de clases en Marx, de la debilidad y del resentimiento en Nietzsche, de una sexualidad reprimida en Freud. En la política, en la medicina o en la psicología se constituyen saberes y técnicas para sofocar la angustia fundamental: reducir las consecuencias destructoras del azar y de la necesidad. Si no hay nada fuera del mundo, el conocimiento de sus leyes, un conocimiento que se pretende total, justifica los regímenes totalitarios. Si no hay nada fuera del placer, es menester producir y consumir hasta la eutanasia final. No bromeaba Solzhenitsin cuando decía que la inflación no tiene otra causa que no sea el pecado.

El más grande entre todos los concilios ecuménicos fue, sin duda, el de Calcedonia, celebrado el año 453 en la orilla oriental del Bósforo, ese río marino en el que se encuentran Europa y Asia. El concilio de Calcedonia celebró la unión de lo divino y de lo humano, sin separación ni confusión, en Cristo. Pues bien, parece ser que, en el siglo XIX, un cristianismo ampliamente pietista y moralista, y esto puede decirse tanto de Oriente como de Occidente, se olvidó del dogma de Calcedonia. Feuerbach, que en este punto sería seguido por Marx, consideraba que «dios» era la parte mejor del hombre y que éste, a causa de su impotencia, lo proyectaba en un cielo imaginario. De este modo, anunciaba oficialmente la carencia de la vocación a la deificación en el cristianismo de su tiempo. Los dos términos del adagio patrístico, tan profundamente «calcedoniano», Dios hecho hombre, el hombre hecho Dios (es decir, plenamente hombre en la unión con Dios), están ahora el uno contra el otro. Es el duelo, descrito por Dostoievski, del hombre-Dios anticristiano contra el Dios-hombre crístico. Calcedonia ha caído en el olvido, Cristo vuelve a ser crucificado.

El rostro de los personajes , pasaje y narraciones de ls Sagrada Biblia y el Magisterio de la Santa Iglesia, Sanson
(Deriva de la palabra hebrea que significa "sol").

El último y más famoso de los Jueces de Israel. La narración de la vida de Sansón y sus proezas está contenida en los capítulos xiii-xvi del libro de los Jueces. Después de la liberación efectuada por Jefté, los israelitas vuelven de nuevo a sus malos caminos y fueron entregados a los filisteos durante cuarenta años. Un ángel del Señor en forma de hombre se aparece a la estéril esposa de Manué, de la tribu de Dan, y le promete que dará a luz un hijo qué liberará a Israel de la opresión de los filisteos. Prescribe abstinencia, tanto a la madre como al hijo, de vino o licor y de alimentos impuros, y que la navaja no tocará la cabeza del niño, "pues será un nazareo de Dios". Llevando un mensaje similar, de nuevo el ángel se aparece a Manué, así como a su mujer, y solo descubren su naturaleza celestial cuando desaparece en el fuego de un holocausto. El niño nace de acuerdo con la predicción y recibe el nombre de Sansón, y la narración nos informa de que "el espíritu del Señor" estaba con él desde su juventud. De una forma bastante extraña este espíritu lo impulsa, a pesar de la oposición de sus padres, a escoger una mujer de entre los filisteos, que no creían en el Señor (Jueces, xiv, 1-4). En una visita a Timna, la población de la mujer que le gusta, Sansón da la primera evidencia de su fuerza sobrehumana, matando un león sin otras armas que sus manos. Volviendo de nuevo vio que un enjambre de abejas se había instalado en el esqueleto del león. Comió de la miel y, con motivo del incidente, propuso la famosa adivinanza a los treinta invitados palestinos a las fiestas de boda: "Del que come salió alimento y del fuerte la dulzura." Ante su incapacidad para encontrar la respuesta en el plazo de los siete días de la fiesta, los invitados inducen a la mujer de Sansón a que le persuada de que se la revele a ella, y que tan pronto como la haya conseguido se la comunique a ellos. Sansón, sin embargo, en orden a proveer los treinta vestidos prometidos en la apuesta, baja a Ascalón en "el espíritu del Señor" y mata treinta filisteos, cuyos vestidos da a los invitados, que han dado la respuesta a la adivinanza. Encolerizado, vuelve a casa de su padre, y su prometida escoge uno de sus compañeros de boda como marido..

Vuelve más tarde a reclamarla y es informado por su padre de que ha sido dada a uno de los compañeros de la boda, pero que en su lugar puede tomar a su hermana más joven, que es más hermosa. Sansón declina la oferta y, apresando trescientos zorros, los empareja cola con cola, y atando antorchas entre las colas, los suelta para incendiar las mieses de los filisteos, que son así destruidas junto con sus viñedos y olivares. Los filisteos se vengan quemando a su mujer y al padre de ésta, y entonces Sansón hace una "gran carnicería con ellos" y luego se retira a morar en la caverna de Etam, en la tribu de Judá. Tres mil filisteos lo persiguen y establecen sus campamentos en Leji. La gente de Judá, alarmada, culpa a Sansón de la invasión y lo entrega atado al enemigo. Pero entonces el espíritu del Señor viene sobre él; quema sus ataduras y mata mil filisteos con la quijada de un asno. Muerto de sed después de esta hazaña, revive por una fuente de agua que el Señor hace fluir de la quijada. Más tarde, mientras Sansón está con una prostituta en Gaza, los filisteos se concentran junto a la puerta de la ciudad para apresarlo por la mañana, pero él, levantándose a medianoche, toma la puerta, con las jambas, y la lleva a la cima de una montaña en dirección a Hebrón. Posteriormente se enamora de una mujer llamada Dalila, del valle de Sorec, la cual es sobornada por los filisteos para que lo entregue en sus manos. Después de engañarla tres veces acerca de la fuente de su fuerza, finalmente se rinde a sus ruegos y confiesa que su poder se debe al hecho de que su cabeza nunca ha sido rapada. La amante pérfidamente rapa sus cabellos y cae indefenso en manos de los filisteos, que le sacan los ojos y lo encierran en prisión. Más tarde, después de que sus cabellos han crecido de nuevo, lo sacan fuera con ocasión de la fiesta del dios Dagón, y así exhibirlo para diversión de la gente. Los espectadores, entre los cuales se encuentran los príncipes de los filisteos, en número mayor de tres mil, se congregan en un gran edificio que principalmente es sostenido por dos pilares. Éstos son alcanzados por el héroe, cuya fuerza ha retornado; los derriba, haciendo que el edificio se derrumbe, y muere él junto con todos los filisteos.

A causa de ciertas resemblanzas, algunos estudiosos han afirmado que la narración bíblica de la historia y hazañas de Sansón no es sino una versión hebrea del mito pagano de Hercules. Este punto de vista, sin embargo, es nada más que una conjetura superficial, carente de pruebas serias. Todavía menos aceptable es la opinión que ve en la narración bíblica meramente el desarrollo de un mito solar, que lleva un poco más lejos la admitida, pero sin consecuencias, derivación del nombre Sansón del semita "sun". Ambas interpretaciones son rechazadas por estudiosos tan eminentes e independientes como Moore y Budde. La historia de Sansón, como otras partes del libro de los Jueces, deriva sin duda de fuentes de antiguas leyendas nacionales. Tiene una aportación tanto ética como religiosa, e históricamente arroja no poca luz sobre las costumbres y maneras de los crudos tiempos a los que pertenece. +

Enviado el Jueves, 08 febrero a las 00:00:00 por Administracion
 
 
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