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Lecturas del día 04-02-2018

LITURGIA DE LA PALABRA.

Job 7, 1-4. 6-7. Mis días se consumen sin esperanza
Salmo responsorial: 146 Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.
1Corintios 9,16-19. 22-23. ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Marcos 1, 29-39. Curó a muchos enfermos de diversos males


PRIMERA LECTURA
Job 7, 1-4. 6-7
Mis días se consumen sin esperanza

Habló Job diciendo: "El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero. Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.

Palabra de Dios

Salmo responsorial: 146
R/.Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.

Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel. R.

Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. R.

SEGUNDA LECTURA1
Corintios 9, 16-19. 22-23
¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles, me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Palabra de Dios

SANTO EVANGELIO
Marcos 1, 29-39
Curó a muchos enfermos de diversos males

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron. "Todo el mundo te busca." Él les respondió: "Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido." Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor


Reflexión de la Primera Lectura. Job 7, 1-4. 6-7. Mis días se consumen sin esperanza

Contexto: -El libro de Job es el drama del dolor humano, sin fronteras espaciales ni temporales. Y si toda la vida humana es un continuo dolor, ¿por qué nos da la vida Dios?, ¿no sería mejor que hubiera cerrado las puertas del vientre materno? Así se expresa Job en el cap. 3 y maldice el día de su nacimiento, pidiendo a gritos la muerte como única salida airosa a su vida miserable. Job maldice su existencia, pero no reniega de Dios ni duda de su justicia, como esperaban Satán y su mujer.

- En los caps. 4-5 entra en escena un nuevo personaje llamado Elifaz. Hombre docto y refinado en su manera de hablar. Basándose en una visión recibida, en su experiencia y estudio, elabora un discurso de ideas muy bonitas acerca del dolor como escarmiento y corrección divinas, acerca de su justicia distributiva. Ideas muy bonitas, pero sólo eso. Todo se queda en pura teoría, ya que Elifaz no ha captado el verdadero problema de Job; y en vez de consolarle, como era su intención, aumenta aún más la amargura del hombre que sufre.

Texto: en este contexto se inserta la respuesta de Job (caps. 6-7).

-Su dolor y angustia actual no pueden encuadrarse en las categorías de lo lógico y razonable, como sus amigos pretenden.

Ningún problema existencial del hombre, como es el dolor, puede resolverse teóricamente. Será necesario pasar por el intenso dolor de Job para comprender el desvarío de sus palabras quejándose contra sí mismo, contra los amigos (porque se apuestan al hombre para probar con él la validez de su doctrina: cap 6) y contra Dios, porque se ensaña cruelmente con él, causándole un gran dolor físico y moral (cap. 7).

-Antes de dirigirse a Dios (vs. 7. 21) Job reflexiona y sitúa su existencia en el cuadro general de la vida humana (vs. 1-6) que se compara al servicio militar (peligro muy grande de muerte en aquellos tiempos y muy poca esperanza de recompensa: cfr. 14, 14) o al trabajo duro de un jornalero que aguarda la hora del salario con ansiedad. Proverbiales estados de miseria en la antigüedad.

Toda la existencia humana es dura y triste, pero mucho más la de Job, porque la esperanza del salario, de la sombra tonificante (vs. 1-2) no reaparece en los vs. 3-6. Así, la vida para Job es un continuo dolor, un mero sucederse de desilusiones y decepciones. Su carne sólo es purulenta y sus días corren rápidos y, a la vez, sin esperanza. Por eso sólo le quedan dos salidas: la muerte (vs. 6. 8-10) o que Dios le salve (implica una súplica por parte de Job); pero no acepta ninguna de las dos. La indecisión es lo que da el mayor interés a este capítulo.

- A partir del v.7 Job se dirige a Dios. El "recuerda" hace alusión a la Alianza, a la fidelidad entre la criatura y el creador (cfr. 10, 9; Sal. 89, 48 ss). Cuando el hombre contempla su vida, caduca como el soplo o como la nube, de sus labios brota la súplica, pero de los de Job sólo brota la queja (v.11), un "déjame en paz" (vs. 12-16), porque si Dios se preocupa del hombre es sólo para atormentarle (vs. 17-21; cfr. Sal. 8: en Job cambia el sentido). Job preferiría la soledad.

-¿Por qué el amigo se convierte de pronto en enemigo? Job no reconoce la bondad de un Dios que inflige tanto dolor. Sin embargo, un pequeño y oscuro rayo de esperanza brota de los vs. 8b y 21d. Si Dios no tiene piedad hoy, mañana puede ser demasiado tarde; si ahora olvida sus deberes de creador, cuando se dé cuenta estará solo y en su corazón nacerá el pesar de haber perdido al amigo (verdaderas blasfemias).

Reflexiones: -El autor de este libro se opone a la antropología y soteriología tradicionales, muy bien representadas en los discursos de los amigos de Job. Nos convendría leer muy detenidamente estos discursos, ya que nuestras reflexiones teológicas, muchas veces, no andan muy distantes. Del dolor, tanto individual como social, quinta esencia de la humanidad, no se puede hablar de memoria ni teóricamente. Job, como todo hombre, pasa por el dolor y sus desvariadas palabras nos suenan a blasfemia. Y, sin embargo, sus palabras son mucho más certeras que las de sus sesudos amigos, como lo reconocerá más tarde Dios en su teofanía. También los pueblos que sufren opresión podrán a veces desvariar, o creemos que desvarían, con sus teologías de la liberación. ¿Son más certeras las palabras de los doctos que, basándose en sus sesudas y clásicas opiniones teológica, hablan puramente de memoria de este dolor social? No sería raro que desvariaran como los amigos. Job fue un libro revolucionario que escandalizó a la Iglesia oficial de entonces. La historia puede repetirse.

-En el libro de Job hay una gran limitación: sólo un tenue y oscuro rayo de esperanza brota de los vs. 8b y 21d. Será necesaria la venida de Jesús de Nazaret y su paso por la cruz para que este rayo de esperanza se convierta en luz refulgente.

Reflexión del Salmo responsorial: 146..Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.

ALABAD AL SEÑOR QUE LA MÚSICA ES BUENA

Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

El Señor reconstruye Jerusalén
reúne a los deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.

Cuenta el número de las estrellas
a cada una la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.

Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para nuestro Dios,
que cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la tierra;
que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado,
y a las crías de cuervo que graznan.

No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los músculos del hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su misericordia.

* Con este cántico, el Salterio se hace eco del sentimiento lírico y musical de toda la humanidad. Que la música es buena quiere decir que resulta idónea para la alabanza divina; el medio, quizá, expresivo y comunitario. Cristo mismo -en cuyo Nacimiento cantaron los Ángeles (Lc 2: 13)- habló de la música en varias parábolas: la de los muchachos que tocan la flauta en la plaza (Mt ll: 17), la del hijo pródigo, en cuya fiesta hay música y danza para manifestar la alegría (Lc 15: 20).

Este salmo -uno de los más hermosos y líricos del Salterio- supone un regalo para nuestra oración de esta mañana que nos presenta el camino escogido por Jesús de continua alabanza por las obras de su Padre y de fidelidad a su amor. No es de extrañar que el Señor, evocando quizá este himno, dijera: 'Yo hago siempre lo que es grato a mi Padre' (Jn 8: 29).436 La glorificación perfecta y eterna de Dios en el Cielo será el gozo pleno de los Elegidos y como una sonrisa de toda la creación.437 En la liturgia terrena este salmo de hoy expresa el sentido de admiración amorosa que eleva el espíritu y lo pone a punto y en trance de alabanza. Esa alabanza que la soberbia humana, durante la jornada de hoy, pretenderá negarle.

A este propósito añade Agustín:438 "Un salmo es ciertamente un cántico, pero no un cántico cualquiera, sino acompañándolo con el salterio. Y cuando concluimos este cántico, ¿cesa la alabanza divina? No; tu lengua alaba por un tiempo, tu vida debe alabar para siempre."

La restauración de Israel, después del desastre del año 587 y la cautividad de Babilonia, constituye una pálida imagen que anuncia una ulterior restauración -esta vez mucho más hermosa- que el Padre realiza con la Iglesia por medio de Cristo. Ésta podría ser la reconstrucción que consideraba Jesús cuando recitaba este salmo y en ella podemos también meditar nosotros con É1.439

Alrededor de la hora Sexta, debido a la fatiga acumulada a lo largo del camino, Jesús está sentado sobre el pozo. Un gesto que vale por un discurso. Y para saciar la sed propone a la samaritana 'un agua que será en ella una fuente que salte hasta la vida eterna' (Jn 4: 14). E1 Espíritu que escapa del costado abierto de Cristo es la nueva fuente de vida que nos lleva hasta el manantial de Dios Padre, 'Fons totíus Trinitatis'.440 Alabemos, pues, al Señor, Dios providente, que prepara la lluvia para los hombres pecadores: el agua viva del Espíritu Santo, "pedagogo de la fe del Pueblo de Dios en su Liturgia y artesano de las obras maestras de Dios, que son los Sacramentos.''441 Y entonemos un canto de acción de gracias a Cristo, que nos ha conducido a la fuente de la que sabemos «do tiene su manida».442

Toda la piedad popular judía (y muchas gentes de todas las civilizaciones) se expresa en este himno que enumera algunos de los atributos divinos, que mueven a decir "gracias", a "alabar". Notemos la aparente mezcla desordenada de temas "históricos" (intervenciones de Dios en favor de su pueblo: regreso de los deportados, reconstrucción de las murallas de Jerusalén, protección de los pobres, ruina de los impíos) y temas "cósmicos" (intervención de Dios en la naturaleza: estrellas, nubes, vegetación, animales, hombre).

Este aparente desorden da la impresión de que el poeta, en una inspiración lírica, no sabe cómo callarse: las maravillas de Dios chocan unas con otras en su espíritu. En el texto hebreo, los verbos en participio suenan como un alegre carillón en la unidad de un mismo movimiento indefinidamente repetido: Yahveh... -reconstruyendo a Jerusalén - devolviendo a los deportados... curando los corazones - curando las heridas... contando las estrellas - llamando a cada uno por su nombre - exaltando a los pobres - humillando a los impíos - preparando la lluvia - cubriendo el cielo de nubes - haciendo germinar la hierba - dando el forraje.

Llama la atención la semejanza entre este lenguaje sencillo, casi ingenuo, sobre Dios... y la manera de hablar de Jesús sobre el Padre, "que hace salir el sol y caer la lluvia" (Mateo 5,45)... "Que da su alimento a los pajarillos" (Mateo 6,26). Recordemos que Jesús se alimentó con estos poemas. De ahí que utilice casi las mismas palabras.

Por sobre todo, Jesús "vino" a realizar algunas de las "acciones" divinas cantadas por este salmo: El "reconstruyó" la humanidad... El "reunió" a los que estaban dispersos... El "curó y perdonó" a los corazones afligidos... El "beatificó" a los humildes y pequeños... El "humilló" a los orgullosos... El "se da en alimento" para darnos vida...

Hacerse un alma de niño para admirar. Hay en nosotros, hombres modernos occidentales, algo que se resiste a este tipo de lenguaje: lo encontramos demasiado ingenuo y optimista. Junto a las maravillas de la naturaleza, somos sensibles a sus fracasos. Será necesario quizá que las crisis de nuestra civilización nos acerquen a la naturaleza y nos devuelvan la capacidad de maravillarnos. Puesto que vivimos en un cuadro artificial, no "disfrutamos" la frescura de la lluvia que hace reverdecer los campos, ni la caricia del sol que hace germinar las plantas, ni la abundancia de semillas que crecen a profusión para los pajarillos. Será quizá necesaria una catástrofe para que comprendas, en la escasez y el racionamiento, hasta qué punto estábamos hartos con mostrarios llenos de legumbres y frutas. Los pueblos que padecen el hambre, que son la mayoría, tienen algo que decirnos a este respecto. No seamos como los niños "mimados", digamos sencillamente: "gracias".

Las "estrellas" y la "vida". El lenguaje popular y casi infantil de este salmo, a pesar de su apariencia, está lleno de sabiduría e inteligencia. Hay dos campos en que el hombre evidentemente no es el señor: los astros y la vida. No será de la noche a la mañana... que el hombre hará una estrella, una sola. Y las hay por millares, allá arriba, muy en su lugar. Innumerables, para nosotros. Imposible contarlas. Pero, como dice el salmista, Dios sabe su número y las conoce individualmente, cada una por su nombre... Esto no es infantilismo. Es científicamente cierto. El más grande astrofísico del mundo no sabe el número exacto de las estrellas. Y quien quiere pasar por astuto ante este cosmos innumerable, está haciendo el ridículo y peca de infantilismo. El apasionado por Dios tiene la razón: "El es grande, es fuerte, nuestro Señor". Miremos por la noche el cielo estrellado, admiremos su grandeza.

El dominio de la "vida" está también fuera de nuestro alcance. La célula más pequeña que contenga clorofila es más poderosa que nosotros, es capaz de hacer la fotosíntesis de proteínas, mediante elementos minerales... En otras palabras, esto quiere decir que hace "materias orgánicas", vivientes, mediante elementos inorgánicos... Cosa que no hace ningún animal. Y nosotros, seres tan inteligentes, si no comemos proteínas, moriremos. Sin conocer esta verdad científica, el salmista tenía de ella una cierta idea y apuntaba que "las plantas están al servicio del hombre". Hoy sabemos que sin "vegetales" toda vida "animal" desaparece... Esto es más radical que lo que él había observado. Para orar, no hace falta renunciar a nuestros conocimientos. Inclusive, podemos servirnos de ellos para dar nuevo vigor a las observaciones "ingenuas" de nuestros antepasados. Eran quizá más conscientes que nosotros de la dependencia del hombre respecto a las estaciones. a la lluvia, al sol... de Dios.

Este Dios tan poderoso, se ocupa de los pequeños y de los débiles. Es ésta una de las más bellas intuiciones del pueblo de Israel, en su doble perspectiva: el Dios grandioso, dueño de todo, trascendente, cuyo poder brilla en el universo sideral y en las profundidades de la biología... Es el mismo Dios que se interesa por los "Anawim": "Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios". El mismo que sabe el número de las estrellas, se inclina hacia los corazones adoloridos. La muchachita triste no escapa a su mirada. El adolescente decaído, que vaga por los caminos de la soledad porque su padre lo ha rechazado; parte el corazón de Dios. Cualquier hombre o mujer que sufre una herida remueve el cielo. A toda herida en el corazón del hombre corresponde una herida en el corazón de Dios. Dios ama. Dios es vulnerable. Y ha querido asociarnos, hacernos responsables. Envió a su Hijo, Jesús, para curar los corazones destrozados" e invitarnos a hacer lo mismo: "Como Yo os he amado, amaos los unos a los otros".

¡A Dios no le impresiona la fortaleza! Es admirable la vigorosa ironía con que el salmista se burla de aquellos que pretenden pasar por "vivos" ante Dios: "No se complace en la fuerza de los caballos ni en el vigor de los guerreros". De nada sirve exhibir la musculatura ante Dios. ¡Es algo ridículo! La salvación no es cuestión de jarretes. ni de bíceps. No se conquista a Dios: se le recibe... puesto que El se da". El Señor se complace en aquellos que confían en su Amor". He aquí una palabra clave de toda la Biblia: entre Dios y el hombre no hay una relación de fuerza, sino una relación de "Hessed"... En Dios sólo hay amor.

El optimismo bíblico sobre la creación da a veces la impresión de que todo el universo es como un inmenso coro o una gran orquesta que canta y toca para el Creador. Todo es como una infinita melodía que ensalza al supremo Hacedor.

Innumerables son las citas donde se nos habla de alabanza, de himnos, de cantos, de acciones de gracias, y se mencionan con frecuencia toda suerte de instrumentos musicales con los que acompañar esta alabanza.

Así, la Biblia hace un eco magnífico al sentimiento lírico y musical de toda la humanidad.

Parece que desde las épocas más remotas el hombre ha conocido y apreciado la música, a veces producida por instrumentos muy rudimentarios (así se pueden ver escenas de música y danza en pinturas rupestres primitivas), y la tradición de muchísimas tribus y pueblos antiguos (aun en nuestros días) ha sido intensamente musical, con danzas, melodías y ritmos que expresan su cultura y su sentido de la religión y del arte.

Ya en el capitulo 4° del Génesis se nos habla (como remontándolo a los orígenes) de Yubal, el inventor de los instrumentos musicales: instrumentos de cuerda (lira) e instrumentos de viento (flauta) (Gn 4,21).

El rey David ha pasado a la mente de todos y a las artes plásticas con su arpa en las manos alabando al Señor delante del arca santa.

Los instrumentos citados por la Biblia son de diverso género:

—instrumentos de viento: el cuerno, la trompeta, la flauta, el órgano;

—instrumentos de cuerda: la citara, la lira, el arpa, el laúd;

—instrumentos de percusión: el tambor, el címbalo, los platillos, etc.

Se nos citan cantos entonados o compuestos por Lamec, Moisés, David Ezequías, Débora, Ana, Judit... Melodías en las anotaciones de los títulos de los salmos refiriéndose a ritmos o tonadas conocidas. Los levitas eran cantores que tenían su maestro de coro y hacían esplendorosa la liturgia del templo: los cantos de esta liturgia iban siempre acompañados de instrumentos musicales.

Jesús mismo (en cuyo nacimiento cantaron los ángeles según san Lucas: 2,13) habló de la música en varias de sus parábolas: la de los muchachos que tocan la flauta en la plaza (Mt 11,17), la del hijo pródigo, en cuya fiesta hay música y danza para manifestar la alegría (Lc 15,20).

El salmo 146, salmo de alabanza

Los salmos recurren frecuentemente a la música y al canto. Más de la mitad de ellos son salmos de alabanza y acción de gracias (Paul Beauchamp). Uno de los salmos que exalta la música y la utiliza como medio para alabar al Señor es el salmo 146 (que en el texto hebreo forma una unidad con el salmo 147).

Este salmo, uno de los más hermosos y líricos del salterio, es un canto a la creación de Dios, a la bondad y providencia divinas con respecto a sus obras y especialmente con respecto a Jerusalén y el pueblo de Israel, enalteciendo su generosidad y magnanimidad.

Se reza en Laudes del jueves de la IV semana.

La naturaleza, la vida y la historia son los lugares donde resplandece esta acción creadora y providente de Dios, y forman como una unidad maravillosa y múltiple brotada de las manos del Creador que ahora en coro universal alaba al Señor con alegría y espontaneidad.

Reflexión de la Segunda Lectura:1Corintios 9, 16-19. 22-23. ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

El contexto de esta perícopa es el capítulo 9, donde Pablo expone su actuación apostólica personal como modelo para los corintios. Modelo en cuanto renuncia de propios derechos en orden a ayudar a los demás.

En esta parte central del capítulo ofrece las motivaciones profundas de su actividad apostólica. El se dedica a ello no por una pura elección personal, ni tampoco primariamente por una necesidad objetiva por parte de los evangelizandos, sino por un impulso interior, dado por el Señor y recibido por el Apóstol.

San Pablo vive tan profundamente el misterio de Cristo que no puede callarlo. El dedicarse a predicarlo es el propio premio por el convencimiento y persuasión de que esa actividad es la mejor a que puede dedicarse el hombre, a imitación del propio Señor. Es el servicio a la continuación de lo que Jesús hizo en su vida.

Para ello es condición imprescindible estar traspasado del Señor y de su escala de valores. Así pues, es algo que viene de dentro a fuera y no al revés. No se trata tanto de ganar méritos por medio de la dedicación a un noble ejercicio, ni tampoco que los paganos necesiten imprescindiblemente que algunos vayan a predicarles, sino que el cristiano, convencido del valor del don recibido, siente el impulso de comunicarlo a los otros. Es no guardar el tesoro sólo para uno, sino darlo a conocer a otros, hacerlos participantes de él, dentro de nuestras posibilidades.

Puesto este presupuesto, es lógico que no haya otros condicionamientos distintos de los derivados directamente de la predicación. Por eso el Apóstol explica en los versos 19-23 su libertad en el ejercicio de la predicación. No se siente atado por nada en particular, sino a Cristo. Puede comportarse de la forma más conveniente para ejercitar el apostolado. No se dan prejuicios, comodidades, respetos humanos, etc. Puede renunciar al ejercicio de su misma libertad. ¡Buen ejemplo hoy día!

Entre las consultas hechas a Pablo por la comunidad de Corinto había una relativa a la conducta a seguir respecto de la carne sacrificada a los ídolos. Pablo responde que la cuestión es en sí misma un falso problema ya que un ídolo no representa nada (1 Cor. 8, 4). No es la comida lo que nos recomienda ante Dios: ni por privarnos de algo somos menos, ni por comerlo somos más (1 Cor 8, 8). Pero puede suceder, dice Pablo, que esta libertad del cristiano maduro sea un obstáculo para el cristiano inmaduro y todavía no liberado de este tipo de problemática menuda, hasta el punto de provocarle un auténtico drama y desastre personal (1 Cor 8, 8-11). En beneficio de su hermano inmaduro el cristiano maduro deberá saber no abusar e incluso renunciar a sus propios derechos de hombre liberado. Para expresarlo con una formulación paradójica: el cristiano no debe ser esclavo ni siquiera de su propia libertad. Este es el ejemplo de Pablo: renuncia a sus derechos para no poner obstáculo al evangelio. Lo importante es que el evangelio sea proclamado (vs. 16-18). La finalidad de la libertad no es la libertad en sí misma, sino el bien del hermano (vs. 22-23). ¡Claro, que para esto se requiere una gran flexibilidad de espíritu y una enorme liberación interior!

Uno de los temas principales de la primera carta a los Corintios es la consulta que le hacen sobre si se puede comer carne sacrificada a los ídolos o no (8, 1-11). Pablo responde con un criterio general: hay que tener libertad en ese problema, siempre que el hermano no salga dañado por el escándalo. Para ilustrar esto, Pablo se pone a sí mismo como ejemplo: aunque tendría ciertos derechos por su trabajo apostólico ha sabido renunciar a ellos para que no se malinterprete su actitud (cap. 9). En esta línea enuncia lo que para él es el bien al que se orienta toda su vida: predicar limpiamente el evangelio. Todo lo ha supeditado a esto.

v. 17: Lit.: "es una carga que se me ha impuesto". La expresión evoca al intendente (cf. 4, 1), que era un esclavo y que no recibía ningún salario por un trabajo que estaba obligado a realizar; Pablo, al contrario, ha aceptado esta situación por su opción evangélica. Por eso, todo el que sigue el camino del evangelio, tiene que estar dispuesto a ceder de su derecho cuando está en juego el bien del hermano. Solamente puede ser entendida una postura así desde la óptica de la fe. De lo contrario resultaría ridículo.

v. 18: Hacemos notar la paradoja que propone Pablo: "el salario es precisamente no recibir ningún salario". Esta actitud se inscribe en la ley del despojo evangélico, necesario para llegar a comprender lo íntimo del reino. Quien no esté dispuesto a dar su brazo a torcer en favor del evangelio no es verdadero apóstol, ni verdadero creyente.

v. 22: Como en 1 Cor 8, 7-13 y 10, 14-33, Pablo pide que cada uno actúe según sus propias convicciones personales, evitando que los fuertes juzguen a los débiles. La clave para interpretar situaciones conflictivas es el amor mutuo, el amor que construye la comunidad. Esa es la medida del avance de fe que tiene una comunidad. Cuando la división por criterios religiosos se instala en la comunidad de creyentes, entonces es cuando se aprecia la debilidad de la fe de esa comunidad. La razón de ser de la fe cristiana es la unidad y la paz.

v. 23: El móvil de toda la actuación apostólica de Pablo es el evangelio. Y esto con una gran intensidad: "para ganar, como sea, a algunos" (v. 22). Paradójicamente, dando es como se recibe. Y el trabajo del apóstol redunda en beneficio propio cuando de ese trabajo se beneficia toda la comunidad. Solamente el que ha comprendido que la fe es dar y darse, es cuando recibe él también el gozo de creer.

Reflexión primera al Santo Evangelio: Marcos 1, 29-39. Curó a muchos enfermos de diversos males

Este pasaje evangélico está compuesto por tres pequeñas perícopas (vv. 29-3 1; 32-34; 35-39). Estos momentos de la jornada de Cafarnaún, la «jornada-tipo» de la misión de Jesús en Galilea, están enmarcados en dos escenarios opuestos: por una parte, está el interior de una casa, la morada de la suegra de Pedro; por otra, está el desierto, el lugar de la soledad, de la ausencia, aunque también del diálogo con el Padre.
El rasgo sobresaliente en el relato de la curación de la suegra de Pedro consiste en la construcción, bastante extraña, de esta frase: «El se acercó, la cogió de la mano y la levantó. La fiebre le desapareció» (y. 31). Para Marcos, la enfermedad y la muerte manifiestan el imperio del demonio, y toda curación es una victoria mesiánica contra las fuerzas del mal, un anticipo de la fuerza de la resurrección (cf «la levantó»). Por último, el evangelista muestra a la mujer, que, liberada de la fiebre, se levanta para servir a Jesús y a los discípulos. El mensaje que de ahí resulta es claro: si Jesús libera, cura, resucita, es para hacer al hombre capaz de servir, y de hacerlo de una manera duradera, como manifiesta el verbo griego en imperfecto (eles servía»: y. 31).
Viene después un resumen de las curaciones realizadas por Jesús al final del reposo sabático, junto a la puerta de la ciudad de Cafarnaún. Aquí aparece el llamado «secreto mesiánico» (y. 34), mediante el que Jesús impone la consigna del silencio sobre su persona a los demonios, a los beneficiarios de milagros y a los mismos discípulos. La obligación de guardar silencio tiene un doble motivo: evitar los fáciles entusiasmos y los malentendidos que se originan cuando los testigos no están guiados por una fe verdadera, y ayudar a comprender que el misterio del poder del Hijo de Dios se esconde en la debilidad de la cruz, máximo secreto mesiánico, pero también cima de la revelación.
Por último, Marcos habla de la oración de Jesús por la noche en un lugar desierto. No sabemos los contenidos de esta oración. En todo caso, está claro que la oración es un punto firme de la actividad de Jesús, y precisamente gracias a ella consigue adherirse a la difícil voluntad de Dios, sustrayéndose a la tentación de la búsqueda entusiasta de las muchedumbres y de los propios discípulos. Por eso puede responder Jesús a Simón:
«Vamos a otra parte» (v. 38). Abandona aquí el modelo rabínico, que quería que el maestro estuviera ligado a una sede fija, para convertirse en un predicador itinerante, próximo al modelo de los antiguos profetas.

El primer episodio que nos cuenta el evangelio nos muestra a Jesús entrando en una casa privada, en la casa de la suegra de Pedro. En él podemos contemplar el Reino de Dios, que viene a nuestra humanidad para reconfigurarla también allí donde entran en juego los afectos, las relaciones de proximidad y las adhesiones profundas. El Reino es la venida a nosotros de un Dios que quiere llevar a cabo un intercambio íntimo con cada uno, estableciendo una relación de proximidad, de comunión. Los gestos realizados por Jesús se caracterizan precisamente por este rasgo de la proximidad; así se explica su visita a la suegra de Pedro, que está enferma; el hecho de escuchar a quienes le hablan de ella, el cogerla por la mano y levantarla.

Se nota en él un amor que se aproxima a nosotros en el momento del dolor, que nos coge por la mano, infundiéndonos una renovada seguridad; se advierte sobre todo una proximidad que reanima. Se realiza aquí, de modo sumo, esa caridad que la Palabra de Dios nos pide que hagamos nuestra, proponiéndonos asimismo el ejemplo de Pablo y sus demandas a los cristianos «maduros» de Corinto. Nuestra verdadera madurez en la fe se muestra en la acogida del camino de la caridad, esa caridad que Dios ha usado en Cristo con nosotros, respondiendo a nuestro grito como a Job, porque nuestra vida es como un soplo (Job 7,7).
Con todo, el rasgo de la proximidad no debe hacernos perder el sentido del misterio ni la conciencia de que Dios, aunque se aproxima a nosotros, no puede ser manipulado por nuestros deseos ni circunscrito a nuestros conocimientos y a nuestras vivencias. Nos ilumina el ejemplo de Jesús, que «salió» hacia el desierto para orar cuando aún era de noche. Jesús no sucumbe a la tentación del éxito y de la notoriedad como nosotros, a riesgo de ser devorado por quien reclama una «proximidad» que se convierte en pretensión de poseer a Dios y domesticarlo. Jesús, por el contrario, «salió» para retirarse a orar; no se pone en el centro a sí mismo, sino al Padre. Jesús realiza verdaderamente su propio «éxodo» desde las expectativas de la gente, aceptando, en cambio, la difícil voluntad del Padre. Nuestra plegaria debe ser, por eso, una búsqueda de la voluntad de Dios a ejemplo y con la ayuda de Jesús.

Reflexión segunda al Santo Evangelio: Marcos 1, 29-39. Curó a muchos enfermos de diversos males

El primer capítulo de Marcos describe la evolución espiritual y apostólica de Jesús a lo largo de las primeras semanas de su ministerio. En primer lugar se fue a Judea y al desierto para hacerse discípulo del Bautista (Mc. 1, 9-13). Parece ser que se quedó durante algún tiempo en la escuela de Juan y que no se fue de su lado hasta que le detuvieron (Mc. 1, 14). Aquí es donde se produce un cambio importante en su vida: Jesús se niega a ser, como su maestro, un rabino a quien acuden los discípulos (Mc. 1, 5); será más bien un rabino ambulante que va al encuentro de las multitudes y de las más miserables de entre ellas: las de Galilea. Jesús se dirige, efectivamente, a Galilea y rompe sus primeras armas en su misma ciudad, Cafarnaún (Mc. 1, 21).

Parece ser que el éxito está asegurado: continuamente le están llevando enfermos y toda la ciudad pone cerco a su puerta (Mc. 1, 33). Pero Jesús rechaza este éxito tan ambiguo (cf. Mc. 1, 34b) y adopta otra decisión: se irá de la ciudad (v. 38) y recorrerá los pueblos vecinos. El ideal misionero es, pues, el fermento de la vida de este joven rabino y el criterio con que juzga y replantea su actividad.

Jesús toma esta decisión que modifica su género de vida en aras de la voluntad de su Padre, y al contacto prolongado con la oración se despierta su conciencia de rabino (v. 35).

Marcos es el único que subraya la preocupación de Jesús por educar ya a sus discípulos en este estilo de vida misionera ("vámonos a otra parte...": v. 38), fijándoles así una actividad que pocos rabinos de su época fijaban a sus discípulos.

El relato de la curación de la suegra de Pedro es muy vivo dentro de su sencillez; parece como si se oyera la voz de los testigos oculares. Pero si queremos leer estas curaciones de Jesús con los ojos de los primeros cristianos, no hemos de ver en ellos simples prodigios, sino captar en ellos las "palabras" que anuncian el Reino y el mensaje de vida. A este propósito bastará con dos detalles muy elocuentes. El relato está dominado por la expresión "la levantó", que en el lenguaje del Nuevo Testamento evoca la resurrección de Jesús y la resurrección bautismal. La narración -segundo detalle- termina con la mención del "servicio" (en la forma griega que se utiliza para la acción continua), para expresar el seguimiento y la actitud del discípulo. A la luz de estas dos expresiones, el gesto de Jesús se convierte en un símbolo perenne: la intervención de Jesús es la que nos hace levantarnos para que emprendamos el camino del servicio.

La escena, en la que interviene solamente un número reducido de discípulos, nos ha llegado seguramente a través de la narración de un testigo presencial. Podemos destacar la acción de Jesús y la de la mujer: Jesús, dándole la mano, la levanta (el verbo es el mismo que se usa para hablar de la resurrección de Jesús). La acción es más que una simple curación, es una acción salvadora. Precisamente por ello, la que ha sido sanada se pone a servir tanto a Jesús como a sus discípulos; al mismo tiempo este servicio indica que la mejora ha sido total.

Continuamos con san Marcos, el relato de la primera jornada de Jesús en Cafarnaúm.

-Al dejar la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús, acompañado de Santiago y Juan, fue a casa de Simón y Andrés.

Desde la sinagoga, lugar de la voz pública, Jesús se dirige a una casa particular, la de los hermanos Andrés y Simón.

Contemplo a Jesús acompañado de sus cuatro discípulos caminando por la calle y entrando en la casa.

También hoy la acción de Dios se ejerce por todos los sectores de la vida: religiosa y profana, pública y privada.

-La suegra de Simón estaba acostada con fiebre, e inmediatamente se lo dijeron a Jesús, El, acercándose, la tomó de la mano y la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

La "buena nueva", el "Reino de Dios", no es solamente una "proclamación", es también una "acción" que libera del mal:

Jesús, en esta jornada simbólica, resumen de lo que hará durante tres años, hace ante todo dos cosas:

--enseña... habla... El es el Verbo, la Palabra de Dios.

--manifiesta su poder: curaciones, liberaciones...

Todo ello muy simplemente, como sin esfuerzo: vuelvo a leer la frase que nos muestra a Jesús actuando: se acerca, le coge la mano, hace que se levante. Gestos familiares, amistosos, humanos.

Me imagino la escena como si estuviera presente. Y creo, Señor, que tú tienes hoy y siempre, el mismo soberano y tan sencillo poder. En cada sacramento, tú me tomas por la mano, y me sanas de mis "fiebres": de mi egoísmo, de mi pereza, de mi escaso o nulo atractivo por la oración.

-Llegado el atardecer, puesto ya el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados y toda la ciudad se reunió a la puerta; curó a muchos pacientes de diversas enfermedades y echó muchos demonios.

Tu presencia libera del mal, de todo lo que hace daño: pecado, enfermedad, mal moral y mal físico. Hoy todavía, Señor, acudimos a ti para que nos sanes: ruego partiendo del mal que hay en mí, y a mi alrededor... lo presento a Jesús...

-Y no les permitió hablar porque saben quién es El.

Ese tema del "silencio" que Jesús impone reaparece aquí por segunda vez en la misma jornada. Jesús no busca el éxito, la apariencia. La sabiduría popular dice: "el bien no hace ruido, ni el ruido hace el bien".

-Al día siguiente, mucho antes de amanecer, Jesús se levantó, salió, se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Fueron después Simón y sus amigos a buscarle, y habiéndole hallado le dijeron:

"Todos andan buscándote".

He aquí la tercera ocupación de Jesús: después de la enseñanza y de la lucha contra el mal... ¡la oración! El desierto. Un lugar desierto. Soledad, silencio. Es aquí donde Jesús va a resarcirse, muy temprano "mucho antes de la aurora". No debió ser la única vez. Toda su misión parte de aquí, de esa fuente interior. ¿Cuánto tiempo paso en esta oración solitaria, a solas con Dios?

-Mas Jesús les contestó: "Vamos a otra parte, a las aldeas próximas para predicar allí, pues para esto he salido".

Ideal misionero. Parte al encuentro de los otros.

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Marcos 1,29-39, par mt 8, 14-17; Lc 4, 38-44. Curó a muchos enfermos de diversos males

Jesús no les deja hablar y los expulsa (v.41). En este rasgo común en los antiguos exorcismos, se descubre que es preciso luchar contra lo malo sin detenerse a discutir sus pretensiones.

Todos sabemos que el mal se puede revestir de una apariencia buena, engañando a los que vienen a escuchar sus ruegos. Jesús no se ha parado. Sabía que todo lo que destruye al hombre es perverso y se ha esforzado por vencerlo.

La obra de Jesús suscita una reacción egoísta entre las gentes: quieren aprovecharle, monopolizar el aspecto más extenso de su actividad y utilizarle como un simple curandero.

Por eso vienen a buscarle (4.42). Nuestra relación con Jesús y el cristianismo puede moverse en ese plano: los aceptamos simplemente en la medida en que nos ayudan a resolver nuestros problemas (nos ofrecen tranquilidad psicológica, garantizan un orden en la familia o el estado, sancionan unas normas de conducta que pensamos provechosas).

Esa forma de utilizar el evangelio es vieja; quizá puede aplicarse a ella las palabras de condena que Jesús dirige a Cafarnaún (Lc 10. 15), la ciudad que pretendía monopolizar sus obras milagrosas.

La respuesta de Jesús es clara: tiene que anunciar el reino en otros pueblos (4.43). Su exigencia se traduce en un don que se halla abierto a todos los que esperan. Ciertamente, el evangelio es un regalo que enriquece la existencia: pero es un regalo que no se puede encerrar, un regalo que nos abre sin cesar hacia los otros.

Contemplemos las diversas actividades de Jesús, a través del relato de Lucas.

1º Reza en público. Al salir de la sinagoga...

Cada pueblo judío tenía una "casa de oración", la Sinagoga... algo así como nuestras iglesias y capillas.

Muy de mañana iba Jesús, como otros muchos judíos piadosos; y allí, sentado en un banco, recitaba de memoria los salmos, balanceándose a derecha y a izquierda, como la Ley recomendaba, a fin que la Palabra de Dios penetrara hasta en los ritmos vitales corporales, como vemos que todavía lo hacen los orientales. Los Salmos... la Ley... Jesús quedó profundamente impregnado de ellos.

Sí, Jesús meditó, reflexionó, rumió las palabras de la Biblia.

Ayúdanos, Señor, a que, como Tú, sepamos dar mucha importancia a esa impregnación regular de la Palabra de Dios. Cuando rezo los salmos en particular, ayúdame a rezar en unión contigo pensando que recitaste esas mismas plegarias venerables, cada mañana, en la sinagoga de tu pueblo.

2º Vive con algunos allegados, algunos amigos. Jesús entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella.

Cuando estabas en Nazaret, pasabas la mayor parte del día con tu familia. Al empezar tu vida pública, adoptaste otra familia, otra casa, la de Simón-Pedro en Cafarnaúm.

Allí tenías tus relaciones familiares, las de la vida ordinaria.

Mi primer deber, también para mí, es el de prestar atención a aquellos con quienes comparto la vida cotidiana.

Trato de imaginar tu actitud, con las personas que te encontrabas todos los días... Pedro, su suegra...

3º Hace el bien. El se inclinó a la cabecera, increpó a la fiebre y se le pasó. Ella levantándose al momento se puso a servirles. Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron y El, aplicándole las manos a cada uno, los iba curando... De muchos de ellos expulsó demonios...

Esa es una de tus ocupaciones esenciales, Señor. Tu evangelio está lleno de enfermos curados y de demonios expulsados.

Has venido al mundo para sanar y salvar.

Por tu sola presencia, el mal retrocede. En este sentido, las enfermedades son un símbolo expresivo: son un ataque al hombre, lo disminuyen al quitarle sus capacidades de acción aparente, hacen daño... y con ello son como una imagen sensible y visible de ese otro mal más interior y menos controlable, que es el pecado . Y, para poner muy de manifiesto que este es el mal más grave para el hombre, "expulsas a los demonios".

Señor, ayúdame a participar en ese gran combate que es el tuyo.

En lo profundo de mi vida, como en el mundo que me rodea, ¡que sepa yo hacer retroceder el mal y progresar el bien! ¡Que, contigo y como Tú lo hiciste, trabaje para el desarrollo, la felicidad y la promoción de mis hermanos! ¿Qué curación, HOY, puedo yo contribuir a hacer avanzar en mí? ¿en mis hermanos? ¿en la sociedad?

4º De nuevo, Jesús ora en solitario. Jesús salió y se fue a un lugar apartado y desierto.

Tiene un tiempo para la plegaria pública, en la sinagoga, y un tiempo para la oración solitaria, de corazón a corazón.

5º Evangeliza. He de anunciarles también la buena nueva del reino...

El mensaje que Jesús siente que ha de proclamar no puede retrasarse. "He de".

No me retengáis. Son tantos los hombres que no han oído aún todas las "cosas buenas" que debo decirles de parte de Dios. Es la sed misionera. Hacer que oigan el evangelio de la salvación los que están todavía fuera de su alcance.

¿Tengo yo ese ardor? ¿Soy cristiano solamente "para mí"?

Reflexión cuarta del Santo Evangelio: Marcos 1,29-39, par Mt 8, 14-17; Lc 4, 38-44. Curó a muchos enfermos de diversos males

La actitud de Jesús frente a la suegra de Simón presenta caracteres absolutamente nuevos. En primer lugar, un rabino nunca se habría dignado acercarse a una mujer y cogerla de la mano para devolverle la salud. Pero, sobre todo, un rabino no se habría dejado nunca servir por una mujer. Jesús no solamente pone en cuestión estas reglas rabínicas, sino que invierte todos los presupuestos de las relaciones sociales, dando al "servicio" un nuevo estilo y un nuevo contenido.

SERVICIO-GRIEGOS: El "servicio" -la "diakonía (diaconía)"- era, a los ojos de los griegos, una cosa indigna. Dominar, no servir: esto era lo característico de un ser humano. Para el griego el fin de la vida humana está en el perfecto desarrollo de la propia personalidad; por lo tanto, le resulta extraño todo sentido de servicio al prójimo.

Por el contrario, en la doctrina de Jesús el concepto de servicio se desarrolla partiendo del progreso antiguotestamentario del amor al prójimo. Jesús lo cogió de allí, y, vinculándolo al precepto del amor a Dios, lo propuso como elemento central de la actitud moral exigida por Dios al hombre. Con esto Jesús revisa el concepto de servicio, liberándolo de las alteraciones de las que había sido objeto en el judaísmo tardío.

Con respecto a la mentalidad griega, su posición frente al "servir" es completamente nueva; la nota dominante es que por "servicio" él entiende precisamente la actitud que del hombre hace un discípulo de Jesús.

Pero, incluso considerando el término "diakoneîn" en el sentido propio de servir a la mesa, Jesús ha introducido aquí una valoración nueva en muchos aspectos. Efectivamente, en la mesa es muy notable el contraste entre las personas ilustres sentadas y el criado o la mujer que sirven. Para los sirvientes atentos será, pues, un altísimo honor, si el señor, al volver a casa, los recompensa haciéndolos sentarse a la mesa y sirviéndoles él mismo. (Lc 12,37). Pero el acto de Jesús es profundamente innovador, en cuanto que, en su valoración moral, ha invertido la relación entre "servir" y "hacerse servir": "el Hijo del hombre no ha venido para hacerse servir, sino para servir" (10, 45). La "diakonía" -el servicio- ejercida por la suegra de Simón inicia un nuevo estilo en las relaciones humanas.

La jornada positiva, transcurrida en Cafarnaúm, podría hacer pensar que Jesús se dejaba arrastrar por el entusiasmo de la gente. Todo lo contrario: Jesús se escapa y se va al desierto a orar. Los discípulos no entienden nada de esto: ¿cómo es posible que deje perder la ocasión del entusiasmo de las turbas en Cafarnaúm? Jesús les responde diciendo que el pueblo no se encuentra solamente en la capital, sino en los lugares perdidos de la geografía galilea. Hay que ir a por la gente donde está, sin dejarse engañar por el espejismo del apostolado urbano y central bien organizado. El Evangelio requiere un "servicio" itinerante, lleno de sorpresas para la misma burocracia eclesial.

Elevación Espiritual para este día

Si os resulta difícil interesaros por el prójimo, reflexionad sobre el hecho de que no podéis alcanzar la bienaventuranza de ningún otro modo.

Suponed que se declara un incendio en una casa:
algunos vecinos, preocupados sólo por sus cosas, no se preocupan de alejar el peligro. Cierran la puerta y se quedan en sus casas, temiendo que entre alguien y les robe. Pues bien, sufrirán un gran castigo. El fuego crecerá y quemará todos sus bienes. Y ellos, por no haberse interesado por el prójimo, perderán también lo que tienen.

Dios ha querido unir entre sí a los hombres, y para ello ha imprimido en las cosas la ley de que el beneficio del prójimo vaya ligado al de cada uno. Y, de este modo, subsiste todo el mundo. Así sucede también en la nave si el capitán, al estallar la tempestad, sacrifica el bien de muchos buscando sólo su propia salvación: en seguida se ahogarán tanto los otros como él mismo. Así sucede en todas las ocasiones: si se tiene en cuenta únicamente el propio interés, no podrán sostenerse ni la vida ni el mismo arte.

Reflexión Espioritual para el día.

La compasión es una cosa diferente a la piedad. La piedad sugiere distancia, incluso una cierta condescendencia. Yo actúo frecuentemente con piedad: doy dinero a un mendigo en las calles de Toronto o de Nueva York, pero no le miro a los ojos, no me siento a su lado, no le hablo. Mi dinero sustituye a mi atención personal y me proporciona una excusa para proseguir mi camino.

La compasión, en cambio, es un movimiento de solidaridad hacia abajo. Significa hacerse próximo a quien sufre. Ahora bien, sólo podemos estar cerca de otra persona si estamos dispuestos a volvernos vulnerables nosotros mismos. Una persona compasiva dice: «Soy tu hermano; soy tu hermana; soy humano, frágil y mortal, justamente como tú. No me producen escándalo tus lágrimas. No tengo miedo de tu dolor. También yo he llorado. También yo he sufrido». Podemos estar con el otro sólo cuando el otro deja de ser «otro» y se vuelve como nosotros.

Tal vez sea ésta la razón principal por la que, en ciertas ocasiones, nos parece más fácil mostrar piedad que compasión. La persona que sufre nos invita a llegar a ser conscientes de nuestro propio sufrimiento. ¿Cómo puedo dar respuesta a la soledad de alguien si no tengo contacto con mi propia experiencia de la soledad? ¿Cómo puedo estar cerca de un minusválido si me niego a reconocer mis minusvalías? ¿Cómo puedo estar con el pobre si no estoy dispuesto a confesar mi propia pobreza? Debemos reconocer que hay mucho sufrimiento y mucho dolor en nuestra vida, pero ¡qué bendición cuando no tenemos que vivir solos nuestro dolor y nuestro sufrimiento!

Estos momentos de verdadera compasión son a menudo, además, momentos sin palabras, momentos de profundo silencio. Recuerdo haber pasado por una experiencia en la que me sentía totalmente abandonado: mi corazón estaba sumido en la angustia, mi mente enloquecía por la desesperación, mi cuerpo se debatía con violencia. Lloraba, gritaba, pataleaba contra el suelo y me daba contra la pared. Como en el caso de Job, tenía a dos amigos conmigo. No me dijeron nada: simplemente, estaban allí. Cuando, algunas horas más tarde, me calmé un poco, todavía estaban allí. Me echaron encima sus brazos y me tuvieron abrazado, meciéndome como a un niño.

El rostro de los personaje, pasajes y narraciones de la Sagrada Biblia y del Magisterio de la Santa Iglesia. Andrés

«Salieron de la sinagoga y fueron a la casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan». Así empieza el fragmento evangélico que se lee en la liturgia de este domingo (Mc 1,29).

Cuántas veces habré recorrido yo —y pienso que lo habrán hecho también muchos lectores peregrinos en Tierra Santa— ese territorio de Cafarnaún, ahora cubierto de ruinas arqueológicas, entonces surcado por calles que se abrían entre las pobres casas de los pescadores. Un franciscano arqueólogo, padre Virgilio Corbo, natural de la Basilicata, vivió allí durante años para hacer excavaciones en aquella zona y custodiar el lugar donde una antigua tradición que se remonta a los orígenes del cristianismo había preservado y transformado en lugar de culto una vivienda, la de Simón Pedro y su hermano Andrés. Ahora va Jesús a entrar en ella para visitar a la suegra de Pedro que está en cama con fiebre. Sobre uno de los dos hermanos apóstoles queremos poner ahora nuestra atención, y es Andrés.

Su nombre tenía raíz griega («viril»), como también el de otro discípulo de Jesús, Felipe («amante de los caballos»), y había sido un seguidor de Juan Bautista. Su encuentro con Jesús se narra de dos maneras distintas, que indican sendas ocasiones. Mateo dice: «Paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hombres: Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano, echando la red en el lago, pues eran pescadores. Y les dijo: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”, Ellos, al instante, dejaron las redes y lo siguieron» (4,18-20). Estamos, pues, en el lago de Tiberíades, tal vez cerca de Betsaida («casa del pescado»), la ciudad natal de los dos pescadores.

En cambio, en su evangelio, Juan cuenta así el encuentro de Andrés con Jesús: él estaba escuchando al Bautista, cuando pasó Cristo. Lo siguió porque Juan lo había llamado «el cordero de Dios». Jesús lo había invitado a visitarlo en la casa donde residía y él se había decidido a quedarse «con él aquel día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que había oído a Juan, y se había ido con Jesús. Andrés encontró a su hermano Simón y le dijo: “Hemos encontrado al mesías” (que significa el Cristo). Y se lo presentó a Jesús» (1,35-42).

Andrés volverá a aparecer en escena otras veces durante la vida de Cristo. Pondrá delante de Jesús a un muchacho con cinco panes y dos peces, en el momento de la multiplicación de los panes (Jn 6,8). Con Pedro,

Santiago y Juan interrogará aparte a Jesús acerca de la futura destrucción del templo de Jerusalén (Mc 13,3). En los umbrales de la pasión, con Felipe, presentará a Jesús a algunos peregrinos hebreos residentes en la diáspora griega, deseosos de encontrar un personaje ya tan conocido (Jn 12,20-22).

Desde ese momento, si se excluye su presencia en el Cenáculo entre los apóstoles para la elección del sustituto de Judas (He 1,13), Andrés quedará popularizado sólo por una antigua tradición que será codificada en un texto apócrifo, los Hechos de Andrés, que cuenta su muerte y crucifixión en Grecia. Pero, según la leyenda, la cruz tenía forma de X que, eh griego, es la letra inicial de la palabra Cristos, ese Cristo al que él había amado y seguido. Y durante siglos el arte cristiano lo representará en esa forma de martirio que sellará definitivamente su vida de apóstol.+

Enviado el Domingo, 04 febrero a las 00:00:00 por Administracion
 
 
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