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Nuestro Blog: La Mística

En Reflexiones Católicas estrenamos nuevo blog dedicado a La Mística y Los Místicos, donde encontrarás artículos, biografías, vídeos...
 
 
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Lecturas del día 09-12-2017

LITURGIA DE LA PALABRA
Isaías 30,19-21.23-26. Se apiadará a la voz de tu gemido.
Salmo responsorial: 146. R/. Dichosos los que esperan en el Señor.
Mateo 9,35-10,1.6-8. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas.

El evangelio de hoy presenta un excelente resumen de la actividad misionera de Jesús en la región de Galilea, inicialmente solo y luego con los discípulos, a través del envío misionero a anunciar el Reino de los cielos.

Aquí es importante recuperar tres dimensiones de la actividad de Jesús: Jesús maestro, que enseña y orienta al pueblo empobrecido, que se encuentra desconsolado sufriendo las duras políticas imperiales y los legalismos religiosos. El pueblo sufrido busca respuestas y salidas a su grave situación. Jesús entiende que su misión es dar a conocer el proyecto de vida digna.

La segunda dimensión es la de Jesús sanador – liberador. Las acciones terapéuticas de Jesús están en función de una causa mayor, devolver la dignidad humana a quienes la habían perdido a causa de la enfermedad, o se encontraban endemoniados, es decir, gobernados por el poder egoísta que se opone a la fraternidad, el amor y la solidaridad.

La tercera dimensión es la del envío misionero a anunciar el Reino de los cielos. Se presenta aquí a Jesús como un buen pastor preocupado por las ovejas perdidas. Es importante reconocer la figura de los discípulos misioneros; ellos son seguidores de Jesús, que intentan poner en práctica todos los aprendizajes.

PRIMERA LECTURA.
Isaías 30,19-21.23-26.
Se apiadará a la voz de tu gemido.

Así dice el Señor, el Santo de Israel: "Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará a la voz de tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: "Éste es el camino, camina por él."

Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y horquilla. En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres.

La luz de la Cándida será como la luz del Ardiente, y la luz del Ardiente será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe."

Palabra de Dios.

Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel. R.

Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Mateo 9,35-10,1.6-8.
Al ver a las gentes, se compadecía de ellas.

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies." Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

A estos doce los envió con estas instrucciones: "Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis."

Palabra del Señor.


Reflexión de la Primera lectura: Isaías 30,19-21.23-26.Te dará lluvia para la semilla

-
Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no llorarás ya más.

Cuando clamarás, el Señor tendrá piedad de ti; oirá tu voz y te contestará.

Los habitantes de Jerusalén ven acercarse a su puerta la amenaza asiria. Los ejércitos de la época arrasan las ciudades y matan a todos los habitantes, a excepción de los más fuertes que son deportados. Las palabras esperanzadoras de Isaías han de leerse en ese contexto dramático.

-Aquel día de muerte y devastación, cuando se derrumbarán todas las torres de defensa...

Sí, es en medio de las violencias militares de una guerra feroz cuando Isaías evoca un «tiempo» en el que todo tipo de mal estará ausente.

¡Isaías es el profeta de la esperanza, de la más humana esperanza!

-En la tribulación el Señor te dará pan de asedio y agua de opresión. El dará lluvia a tu sementera, con que hayas sembrado el suelo y el pan que producirá la tierra será rico y sustancioso. Tus ganados pacerán aquel día en vastos pastizales. De tus montañas brotarán manantiales...

Isaias evoca una felicidad paradisíaca, un futuro reino mesiánico del que todo mal habrá desaparecido: hambre... enfermedad... violencia... injusticia... Es el retorno del hombre a su equilibrio moral que traerá también consigo el retorno de la naturaleza a su armonía y a la fecundidad del «paraíso terrenal». La Biblia cree profundamente en una comunión entre el hombre y su entorno: el Señor resucitado, no solamente salva el alma, sino también la carne y la materia (Rm 8). La naturaleza entera espera su transfiguración. Por todo ello, en Adviento, el cristiano se siente también interpelado

-a una conversión espiritual que transforme su corazón...

-y a transformar la naturaleza con los avances de la técnica, el trabajo, el progreso...

¿Considero que éste es también mi trabajo? ¿Participo del gran proyecto de Dios: "¡Dominad la tierra y sometedla!" para la mayor felicidad de todos los hombres?

-¡No será ya ocultado el que te enseña, y tus ojos le verán!

Ver a Dios.

Comunicarse con Dios.

¡Un Dios «que ya no se oculta», que se "deja ver"! Esta es también una de las aspiraciones fundamentales del hombre. Dios escondido, invisible. Dios silencioso, Dios ausente, Dios lejano, Dios inaccesible. Efectivamente, ¡ésta es nuestra experiencia dolorosa!

Pues bien, para el «final de los tiempos», para "aquel día" ¡Dios anuncia que podremos llegar a El y verle!

Jesús, Dios que se toca, Dios que se ve, Dios que habla, Dios que no se esconde, Dios accesible, Dios cercano.

«¡Ven, Señor Jesús!» "¡Estamos esperando tu retorno!" Los sacramentos son signos "sensibles" de su presencia.

Son una continuación de la Encarnación de Dios. La Iglesia es el sacramento, el signo de Jesucristo... en la espera de su retorno.

La felicidad soñada y evocada por Isaías existe con esta condición: Creer que Dios sólo es capaz de construir la felicidad definitiva futura. Reconocerse suficientemente pobre para tener la convicción de que el hombre, por sus propios medios, es incapaz de conseguir tal felicidad. Esforzarse en contemplar a Dios. ¿Qué son para mi los sacramentos? ¿Todos los sacramentos?

-«¡Este es el camino; síguelo!».

La liberación del resto purificado (18-22) y el futuro feliz de Sión (23-26), obra de Yahvé, hacen del Dios de Israel el Emmanuel inconfundible de la teología isaiana: «Pero Yahvé espera para apiadarse, aguanta para compadecerse, porque Yahvé es un Dios recto... Ya no se ocultará tu maestro, sino que con tus ojos lo verás... vendará la herida de su pueblo y curará la llaga de sus azotes» (18.20.26).

En los versículos que anteceden, especialmente en el 15, se presenta la conversión como el único medio para salir de la crisis. En los que siguen se describe con expresiones idílicas cuál será la felicidad de la unión íntima entre Dios y su pueblo. Dios, siempre Emmanuel, siempre presente, espera con impaciencia el momento del retorno para poder hacer de Israel objeto de su misericordia. Nada más pide que confíen en él: «Dichosos cuantos en él esperan» (18).

El profeta enseña al pueblo que ha de creer y confiar en el Señor simplemente porque éste es bueno y le llama hacia él; toda la iniciativa viene de él. El hombre solamente puede recoger el don de su amor: «Por esto existe el amor: no porque amáramos nosotros a Dios, sino porque él nos amó a nosotros y envió a su Hijo para que expiase nuestros pecados» (1 Jn 4,10).

La catequesis isaiana define la fe como una mirada incesante a la fidelidad de Dios: creer en Dios significa experimentar que es fiel. Después de tantos contravalores religiosos de Israel, infiel a la alianza, el profeta le puede recordar que la confianza firme en el amor misericordioso de Dios y el encuentro constante con su amor, que le perdona y asume su fracaso constantemente, son la única esperanza y la única certeza a las que se puede asir como creyente.

FE-ESPERANZA: La reflexión isaiana nos ayuda a ver la esperanza como la proyección de nuestra fe de hoy sobre el porvenir incierto del mañana. Porque la fe no es solamente una experiencia actual, sino también la espera confiada en la fidelidad de mañana. El profeta tiene la experiencia de que la fidelidad de Dios es inmutable: no cambia, no se retracta, no tiene caprichos ni olvidos. Todo creyente puede hacer suya la seguridad paulina: «Sé de quién me he fiado» (/2Tm/01/12).

Reflexión del Salmo 146.: Dichosos los que esperan en el Señor

El salterio nos ofrece este himno litúrgico de alabanza a Yavé, el único a quien el ser humano debe rendir culto de adoración. A lo largo del salmo, el autor señala la razón por la que sólo Yavé es digno de alabanza y bendición, en contraposición a cualquier hombre por muy encumbrado que esté: «¡Alaba, alma mía, al Señor! Alabaré al Señor mientras viva. ¡Tocaré para mi Dios mientras exista!».

Yavé, como su propio nombre indica, “Es el que es”, es decir, tiene la vida en y por sí mismo; precisamente, porque es vida por esencia, la puede dar y, de hecho, la da. En cambio, el hombre es apenas un soplo que, llegado su tiempo, se apaga; y con él, todas sus obras y proyectos:

«Exhalan el espíritu y vuelven al polvo, y ese mismo día perecen sus planes».

Partiendo de esta realidad, el salmista nos instruye catequéticamente. Es corno si nos preguntara: ¿En quién confías tu vida?, ¿en alguien que, aunque sea un príncipe, no es más que un hijo de hombre, y que, como tal, no puede salvar? «¡No pongáis vuestra seguridad en los poderosos, en un hombre que no puede salvar!».

El versículo que acabamos de transcribir nos ilumina acerca de uno de los pilares básicos y fundamentales de la fe. Todos sabemos que la fe implica apoyarse en alguien. El salmista proclama con énfasis que la vida de un fiel israelita se apoya únicamente en Yavé, creador de los cielos y la tierra: «Dichoso el que se apoya en el Dios de Jacob, quien pone su esperanza en el Señor, su Dios. Él hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que existe en él».

Yavé anuncia, con énfasis, por medio del profeta Jeremías una maldición y una bendición. Maldición para todo hombre que apoye su vida, en todas sus dimensiones-seguridades, elecciones, proyectos…- en cualquier otro hombre, por muy atrayentes que sean los bienes que ofrece a su corazón. Es maldito porque, al inclinar hacia él la balanza de su vida, paulatinamente se va alejando de Dios.

Es maldito porque pone su ser en quien no tiene la vida y, por lo tanto, no le puede salvar: «Así dice Yavé: maldito sea aquel que confía en hombre, y hace de la carne su apoyo, y se aparta de Yavé en su corazón» (Jer 17,5).

En cambio, es bendito todo aquel que se apoya en Yavé. Bendito porque no se sentirá defraudado y porque no conocerá la confusión ni el fracaso; se trata del fracaso último, el que rasga inmisericordemente el telar de nuestra vida. Jeremías llama benditos a estos hombres, benditos porque sus raíces están plantadas en Dios, por lo que, aun en medio de las pruebas y sufrimientos, no dejan de dar fruto: «Bendito sea aquel que se fía de Yavé, pues no defraudará Yavé su confianza. Es como árbol plantado a las orillas del agua, que a la orilla de la corriente echa sus raíces. No temerá cuando viene el calor, y estará su follaje frondoso; en año de sequía no se inquieta ni se retrae de dar fruto» (Jer 17,7-8).

Volvemos al salmo, y nos damos cuenta de por qué se llama feliz al hombre cuyo apoyo y esperanza están en Yavé: porque Él no le abandona; le sostiene, le hace justicia y le protege. Nos lo dice en términos propios con que la espiritualidad de Israel define la acción de Dios con los suyos: «Hace justicia a los oprimidos, y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los prisioneros. El Señor abre los ojos de los ciegos. El Señor endereza a los que se doblan».

Dios ha bendecido a toda la humanidad al enviarnos a su Hijo. Él es la bendición de Dios sobre el hombre, que se va manifestando y aconteciendo progresivamente. El Señor Jesús inicia su misión curando a ciegos, sordos, paralíticos, leprosos, etc., hasta que anuncia la noticia sorprendente: iVengo a daros la vida!.

La vida que buscáis donde no está, y en quien no os la puede dar porque no la tiene. Yo la tengo en propiedad, yo Soy el que soy, igual que mi Padre. Yo os doy la vida eterna. Creed en mí, apoyaos en mí. No temáis, yo soy vuestro Maestro. Venid a mí, porque sólo yo puedo enseñaros a apoyaros en Dios.

En la medida en que las palabras del Maestro se adueñan de nuestro ser, crece nuestra fe, nuestro apoyo y confianza en Él. Él mismo dice que esta forma de creer es la que nos otorga la vida eterna: «Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna» (Jn 3,34-36).

Es justamente este don, otorgado por Jesucristo, el eje de la predicación de los primeros apóstoles, como vemos, por ejemplo, en este texto de la Carta del apóstol Pablo a los romanos: «Al presente, libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna. Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom 6,22-23).

Reflexión Primera del Santo Evangelio.Mt 9,35 - 10,1.6-8: Al ver a las gentes, se compadecía de ellas

35Recorría Jesús todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la buena noticia del Reino y curando todo achaque y enfermedad.
36Viendo a las multitudes, se conmovió, porque andaban maltrechas y derrengadas como ovejas sin pastor.
37Entonces dijo a sus discípulos:
-La mies es abundante y los braceros pocos; por eso, 38rogad al dueño que mande braceros a su mies.

10 1Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad.
6Mejor es que vayáis a las ovejas descarriadas de Israel. 7Por el camino proclamad que está cerca el reinado de Dios, 8curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde.

vv. 35,38. En paralelo con 4,23, comienza aquí una nueva sección del evangelio (9,38-11,1), constituida sobre todo por la instrucción a los Doce para la misión. 9,35-38 constituye la introducción a la misión y al discurso y describe la lastimosa situación de Israel a los ojos de Jesús.
Se abre con un sumario de la actividad de Jesús (35), que describe su labor incansable. En las sinagogas enseña, es decir, expone su mensaje apoyándose en la Escritura; fuera de las sinagogas proclama la buena noticia de la cercanía del reinado de Dios (4,17); además, cura a todos los enfermos, como señal de la plena salvación que el reino ofrece al hombre.

"Las multitudes están como ovejas sin pastor" (36). La frase alude a Nm 27,17, donde Moisés nombra a Josué precisamente para que el pueblo no se disperse. Nadie se ocupa de este pueblo que se encuentra en situación desesperada.

Ante este espectáculo, Jesús expone la situación a sus discípulos (37s). Usa un término (gr. therismos) que significa "mies" y "siega". Se usa en 13,30.39, aplicado a la separación final entre buenos y malvados, y "la siega" se atribuye a los ángeles. "Los braceros" u obreros de que habla Jesús ejercen, pues, en la historia la misma actividad que "los ángeles" harán en el momento final. Se ve ahora el sentido de "los ángeles" que servían a Jesús, es decir, colaboraban con él, en la escena del desierto: eran figura de los que colaboran en su misión. La alusión indica que comienza el tiempo escatológico, la etapa final de la historia, inaugurada con la presencia de Jesús y la cercanía del reinado de Dios.

La petición se dirige al dueño de la mies, el Padre. Jesús no pide al Padre que envíe segadores, pero recomienda a los discípulos que lo hagan. Es una manera de prepararlos a la misión que sigue. La petición les hará tomar conciencia de la necesidad y los dispondrá a responder a la llamada de Jesús.

v.10,1. Mt no describe la institución de los Doce. Su puesto lo ocupan las bienaventuranzas, donde establece el estatuto de la nueva alianza y, por tanto, funda el nuevo Israel. "Sus doce discípulos", nombrados por primera vez, son, por tanto, la figura representativa del Israel mesiánico. El número doce alude a la plenitud escatológica de Israel. En su estadio final, el pueblo elegido comprende tanto a israelitas como a "pecadores" e incluirá también a los paganos.

vv. 6-8. Jesús envía a los "Doce", es decir, al Israel mesiánico que representa a todos sus discípulos, dándoles instrucciones para la misión. Por el momento, limita ésta a Israel, que se encuentra en situación lastimosa. No ha llegado aún la hora de la misión universal (26,13; 28,19). La proclamación de los Doce tiene el mismo contenido que la de Jesús (4,17), pero sin la exhortación a la enmienda. Dan escuetamente la buena noticia. Su proclamación va acompañada de toda clase de señales. El significado de éstas es el mismo que el de las realizadas por Jesús. El ha resucitado a la hija del jefe (9,18-26), ha limpiado a un leproso (8,2-4), ha curado enfermos (8,16; 9,35), ha expulsado demonios (9,32s). El significado es liberar a los habitantes de Galilea de las doctrinas que los tienen postrados y privados de vida. Estas obras se realizan con "las ovejas descarriadas de Israel"; son, por tanto, una expresión de la ayuda que el discípulo debe prestar (5,7). Jesús añade un aviso: la idea de lucro ha de estar ausente de esta actividad (8). Se hace, por tanto, con "limpieza de corazón" (5,8), sin segundas intenciones.

Las expectativas cristianas son universales y no pueden ser reducidas o identificadas ni siquiera con los intereses de la comunidad eclesial. Ello se pone claramente de manifiesto en la relación entre los personajes del presente pasaje evangélico.

Frente a nosotros Mateo coloca a Jesús, a la gente y a sus discípulos. Ya desde el comienzo se pone de manifiesto que su principal preocupación se dirige a la situación de la multitud a la que el texto subordina la tarea que se encomienda a los discípulos.

El camino de Jesús por ciudades y aldeas tiene por finalidad la proclamación de la Buena Noticia del Reino que se realiza mediante su enseñanza y su actuación. Dichas actividades se desarrollan en un ámbito marcado por la presencia negativa de la enfermedad y la dolencia.

Este carácter negativo que asume el entorno provoca un sentimiento de compasión frente a una multitud necesitada de conducción y que no ha podido llegar a la realización plena de su vida. Ambas afirmaciones se expresan por medio de las imágenes de ovejas sin pastor y de una mies madura y abundante que espera el último acto, su cosecha.
Dentro de esta relación se inscribe las actitudes que Jesús exige a sus discípulos en las que se pueden descubrir dos momentos.

El primer momento es el de la identificación con sus sentimientos de compasión, A ello se dirige la necesidad de la petición por obreros. La oración que se manda a los discípulos debe tener como centro de atención no los propios intereses sino los de esa multitud que padece situaciones inhumanas.

Ya en este primer momento, los discípulos son arrancados del ámbito de sus preocupaciones propias de todo grupo e invitados a identificarse con las preocupaciones de un Dios universal, que se presenta bajo el nombre de "Dueño de la mies".

Desde este punto de partida se pasa a la capacitación de los discípulos para que puedan desempeñar la tarea que se les encomienda y que debe beneficiar a esa multitud colocada en esas situaciones desfavorables.

Dicha capacitación se expresa en dos etapas: en la primera (10,1) el evangelista relata la transmisión de poderes. En la segunda (10,6-8) coloca en la boca de la Jesús las condiciones que los discípulos deben cumplir para desempeñar la tarea encomendada.

En ambas se señala como característica de la misión , la lucha contra las enfermedades que aquejan al ser humano. Los discípulos reciben el poder de curar las dolencias y, a la vez, el mandato explícito de realizar esa actividad.

Junto a este elemento común, se colocan otros elementos que esclarecen el sentido de la misión cristiana. En el v.1 aparece mencionada "la autoridad sobre los espíritus impuros". Estos impiden la plena realización humana y oprimen la existencia. La misión, por tanto, será entendida como una lucha contra el poder del mal presente en la vida de los seres humanos.

En los vv. 6-8 se expresa lo mismo desde la perspectiva positiva del anuncio y de la realización del Reino de Dios. Dicha proclamación es el triunfo sobre todo mal existente en la vida de los seres humanos e incluye la superación de la muerte y de toda marginación como se señala en el mandato de la purificación de los leprosos.

En dichos versículos, además, se señalan el lugar de esa proclamación y el modo de su realización. Por el momento, a diferencia de lo que acontecerá después de la Pascua, los discípulos deben limitarse a Israel y se les enseña que la gratuidad es el único modo en que puede cumplirse lo exigido.

Reflexión Segunda del Santo Evangelio: Mt 9, 35-10, 1.6-8..Al ver a las gentes, se compadecía de ellas

Este brevísimo relato sobre la curación de un mudo tiene escaso interés histórico. Para san Mateo, sin embargo, tiene gran importancia teológica; un interés funcional. A raíz del milagro se anticipa lo que constituiría la lucha más encarnizada con sus enemigos. El poder de Jesús quiere ser explicado por su contacto con el príncipe de los demonios. La cuestión nos es presentada con amplitud en el cap. 12. Aquí se quiere únicamente anticipar aquella discusión. Que no nos sorprenda la reacción hostil de los enemigos de Jesús ante las manifestaciones extraordinarias de su poder. Una razón, por tanto, pedagógica.

Hay, además, una razón teológica. Estaba anunciado que el Mesías realizaría esta clase de prodigios: haría oír a los sordos y hablar a los mudos. Debemos tener en cuenta que mudez y sordera se hallan generalmente asociadas. San Marcos las presenta unidas (Mc 7, 31; 8, 22) en las profecías aparecen juntas (Is 29, 18; 35, 5) (e incluso en nuestro lenguaje). Quien realizase estas obras extraordinarias, liberadoras de la esclavitud y limitación humanas, necesariamente tenía que ser el Mesías. Es la razón teológica. Como es habitual en la mentalidad antigua, la mudez, lo mismo que la sordera, es atribuida al demonio, un poder hostil al hombre, que lo 1imita y esclaviza. La obra de Jesús va destinada a romper este poder de Satanás y liberar al hombre.

La reacción de la gente es lógica, casi una confesión de fe: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». ¿Quiere decir que lo que Israel esperaba ha llegado ya?. Por el contrario, la reacción de los enemigos ese odio mortal a Jesús, que estallaría en la discusión recogida en el capítulo 12.

Con esta narración cierra San Mateo otro capítulo: el cuadro del Mesías de los hechos. A continuación se abre uno nuevo, el discurso de misión, que es introducido con la misma frase sintética, a modo de sumario, que hemos leído ya en (4, 23). Naturalmente aquí se halla completada la frase con el resumen de lo narrado en los capítulos anteriores. La actividad de Jesús, su predicación y curaciones (cap. 5-7 y 8-9) dan pie para el discurso de misión: lo que Jesús dijo e hizo deben prolongarlo sus discípulos. Para eso son enviados.

Los destinatarios del evangelio son presentados con la imagen bíblica del rebaño para describir al pueblo de Dios. Pero es un rebaño sin verdaderos pastores; expuesto, por tanto, a todo tipo de peligros, que terminarían por consumirlo. Jesús siente en su propia carne la necesidad de aquel pueblo. Necesidad que se expresa recurriendo a la imagen de la cosecha. Hablar de cosecha significa hablar de la acción de Dios y de la correspondiente reacción del hombre (Is 2-3; Os 6, 11). Hora de decisión para preparar la cual son necesarios los obreros. El juicio futuro, la decisión última, se realiza y anticipa en la decisión humana ante la palabra de Dios. Sorprendentemente Jesús no dice: “trabajad” sino “orad para que el dueño de la mies…”. Es Dios quien elige y envía a los anunciadores de la palabra (Is 6, 8; Gál 1, 15-16). Dios permanece siempre el agente principal. Con estos presupuestos puede darse ya el paso a un nuevo discurso: el discurso de misión.

Reflexión Tercera del Santo Evangelio: Mt 9,35-10,1.6-8. La cercanía del reino de Dios.

En la tradición de la Iglesia siempre han existido dos métodos distintos de apostolado. Los eremitas huían de las ciudades y aldeas para estar a solas con Dios. Pero con el paso del tiempo sucedía que la gente se sentía impulsada a buscarlos y visitarlos. En tal caso ellos no rechazaban a sus visitantes. Del mismo modo, en tiempos más recientes, el padre Pío de Pietrelcina vivió aislado en un pueblo del sur de Italia. La carretera para llegar hasta allí era incómoda y, sin embargo, San Giovanni Rotondo ha ido poblándose cada vez más y se ha convertido en centro de muchas iniciativas.

Otros, sin embargo, sentían una vocación misionera y ellos mismos han ido a buscar a las almas que Cristo quería salvar. Las grandes distancias recorridas a pie por san Francisco Javier en la India y el Japón son, sin duda, una gran actuación incluso desde el punto de vista deportivo.

¿Cual de estos dos métodos es más eficaz?.

Es difícil decirlo porque no se puede generalizar. Cada uno recibe de Dios su vocación, y el Espíritu Santo le inspira lo más adecuado en su momento. Pero en la vida de todo cristiano llega el momento de tomar la iniciativa de ocuparse verdaderamente del prójimo que vive la enfermedad, el abandono, la pobreza. Sin embargo, debe ser un gesto realizado con amor sólo para consolar y ayudar, no para hacer propaganda.

Jesús, a cualquier sitio al que fuera, lo primero que hacía era curar a los enfermos, y así se ganaba la confianza de todos.

Los hombres de ciudad no tienen destreza con las ovejas y no saben qué significa para las ovejas estar sin pastor. Muy distinta era la situación de los habitantes de Palestina, reflejada en el Salmo 23: “El Señor es mi pastor”, donde se describe bien la función del pastor. El conduce las ovejas a pastar en verdes praderas, las abreva y las hace salir del valle cerrado y peligroso en el que el rebaño se había perdido. Por tanto, los hebreos aplican espontáneamente a Dios lo imagen del pastor. En el evangelio Cristo la hace suya.

En las homilías de los Padres se desarrolla el tema del pastor y de la providencia divina hacia la humanidad. Teodoreto de Ciro añade a la parábola del pastor la metáfora del timonel del barco. Los marineros inexpertos se desaniman si, durante la tempestad, miran las espantosas olas, pero se tranquilizan mirando a su experto timonel. El mismo Cristo se ofrece para conducir la barca de nuestra vida hacia puerro seguro.

Los hombres se animan recíprocamente diciéndose que el mañana será mejor que hoy. Esta fe es el apoyo de la vida, y el que la pierde es como si dejara de vivir. Por eso, Dante, en la puerta del infierno, pone la inscripción: «Dejad toda esperanza, oh vosotros que entráis». Por el contrario, el «reino de los cielos» expresa la realización de todas las promesas.

Los hebreos se sentían los depositarios de una promesa de la que, antes o después, habrían visto su cumplimiento. Por ello, eran especialmente sensibles al anuncio de que «el reino de los cielos está cerca». La iglesia retoma su esperanza y la repite desde hace más de dos mil años. Entonces, ¿cómo debemos entender la expresión «el reino de los cielos está cerca»? Los autores espirituales le dan diversos significados. El reino de los cielos está cerca porque está al alcance de la mano, cualquiera puede aferrarlo. Está cerca porque es interior; y ya reina en el alma del que cree en Dios. Está cerca porque los que reciben el cuerpo de Cristo ya gozan de la vida eterna y de la resurrección de los cuerpos. Está cerca porque a los que creen se les abren los ojos, y ven en todo la plenitud de la gracia divina.

Reflexión Cuarta del Santo Evangelio: Mt 9,35-10,1.6-8. La cercanía del reino de Dios.

-Jesús recorría todas las ciudades y villas, enseñando en sus sinagogas.

Jesús gustaba de hablar al aire libre, según las circunstancias.

Pero se acomodaba también a los usos tradicionales de su país. El modo oficial de enseñar consistía en tomar la palabra y hacer una exposición del tema en el interior de una Sinagoga, en el cuadro de una asamblea lit_rgica del sábado.

-Predicando la "buena" nueva del reino de Dios y curando toda dolencia.

Jesús "enseña"... Algo que es... ¡"bueno"! Una "buena" nueva.

Jesús "cura"... ¡Es una cosa "buena"! Una "buena" acción.

El Reino de Dios es a la vez una liberación del error, un progreso del hombre a la luz de la verdad que le libera... Pero es también una liberación del mal y de todo lo que oprime al hombre, es una progresión de feIicidad.

Venga a nosotros Tu reino. Prolongo esta oración, aplicándola a casos concretos que conozco a mi alrededor.

-Y al ver aquellas gentes, se apiadó entrañablemente de ellas, porque estaban malparadas, y decaídas como ovejas sin pastor.

Así ve Jesús la humanidad: una muchedumbre desencantada, desfallecida... sin verdaderos guías ni buenos pastores que la conduzcan a verdes pastos.

El Profeta Ezequiel había acusado a los pastores oficiales, a todos los que desempeñan cargos de responsabilidad, de no apacentar el pueblo, sino a sí mismos... de no ejercer su cargo en beneficio de los demás, sino para su propia conveniencia...

La humanidad, en todos los tiempos y en todos los países está siempre esperando.

¿Quién se levantará para servir a los demás? ¿Quién llegará a ser un buen guía, un buen responsable?

-La mies es abundante, mas los obreros pocos.

Jesús ve la humanidad como un campo de trigo en sazón ondulante al soplo del viento.

La cosecha está ahí, a punto.

La alegría de una buena cosecha.

Pero los obreros son pocos. Jesús constata con dolor la inmensidad del trabajo, ¡su trabajo! El quisiera colaboradores.

¿Quién se ofrecerá? Rogad, pues, al dueño de la mies...

¿Por qué Cristo nos pide rezar? ¿Por qué pides esto? Esto prueba que, para Jesús, la "vocación" no es solamente una cosa humana... Dios mismo es su origen, es El quien llama.

¿Hago yo esta plegaria?

-A los doce apóstoles, que Jesús había convocado, les dijo:

"Id en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel..."

Hay aquí una especie de limitación. Esto debió ser un sufrimiento para Jesús. No puede hacerse todo a la vez... Pero hay que empezar. Y para Dios es importante que la salvación sea primero ofrecida a los judíos, a la "casa de Israel".

Entre nuestros numerosos quehaceres, es importante no olvidar esto. Lo que cuenta no es la cantidad de nuestros trabajos... sino el hacer lo que el Padre tiene previsto para nosotros... según los límites que nos sean impuestos, incluso si esta limitación es molesta.

Te ofrezco, Señor, todas mis ansias misioneras, todo lo que quisiera hacer por tu Reino, y que no llego a realizar.

-Proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios.

Es necesario que los apóstoles hagan lo mismo que hizo el Señor.

Reflexión Espiritual para este día.

Ven, tú que anhelas mi pobre alma y mi alma te desea. Ven, oh Solo, del que está solo; porque, como ves, estoy solo. Te doy gracias, porque eres para mí un día sin atardecer, un sol sin ocaso...

La luz ha vuelto a resplandecer para mí. La contemplo en claridad. Abre una vez más el cielo, disipa una vez más la noche. Una vez más descubre todo. Una vez más es contemplada ella sola. Y el que está sobre todo ciclo, al que ninguno de los hombres ha visto jamás, éste se concentra una vez más en mi espíritu, en mí, en el cogollo de mi corazón —ioh misterio sublime!— la luz desciende y me levanta sobre todo...

En verdad, estoy aquí donde está la luz, sola y sencilla, y renazco a la inocencia contemplándola, sencillamente

Elevación Espiritual para este día.

Cuando los santos marchen
cuando los santos marchen
oh Señor, me iré yo con ellos
cuando los santos marchen
Cuando el sol no brille ya,
cuando el son no brille ya,
oh, Señor, me iré yo con ellos,
cuando el sol no brille ya.
Cuando la luna se extinga,
cuando 1o luna se extinguirá,
oh Señor, me iré yo con ellos,
cuando la luna se extinga.
Y las estrellas se borrarán,
las estrellas se borrarán,
oh Señor, me iré yo con ellos,
y las estrellas se borrarán.
Cuando el Señor los premie,
cuando el Señor los premie,
oh Señor, me iré yo con ellos.
cuando el Señor los premie.
Y un día tú los juzgarás,
y un día tú los juzgarás,
oh Señor, me iré yo con ellos,
y un día tú los juzgarás.
Espiritual negro

El rostro de los personajes , pasajes y naraciones de la Sagrada Bibia y del Magisterio de la Iglesia Isaías: “Cuando ha llovido, ha escampado”, en el contexto de la Sagrada Biblia.

De nuevo entra en juego en esta perícopa de restauración y bendiciones mesiánicas el problema de la autenticidad de Isaías. Autenticidad, que nada afecta a su inspiración y canonicidad. La duda está no en que su contenido caiga fuera del pensamiento de este gran profeta del siglo XIII; tampoco por su ubicación en medio de los oráculos condenatorios, propio la psicología profética y tan del gusto de los sistemas tradicionales del s. IV. Es su estilo y nivel doctrinal que encaja mucho mejor con la literatura del exilio, por ejemplo, del segundo Isaías.

Como lo realmente importante es el contenido de la revelación que nos ha sido transmitido, poco importan cien años antes o después. Lo más destacable de toda la perícopa es el versículo 18, escrito en verso y del que el resto de la perícopa no parece sino su comentario en prosa.

Esta lectura encierra el anuncio profético de una época de perdón y felicidad siempre esperado en los momentos de crisis y desgracias populares. Algo así como ese “siempre que ha llovido, ha escampado” del refranero español. Puede reflejar tanto la situación histórica de los desterrados como la de los habitantes de Jerusalén en tiempos de Isaías, cuando las tropas de Senaquerib cercaron la ciudad hasta casi asfixiarla (a. 690). ¿Dónde está Yavé?. Era el interrogante que bullía en el pensamiento del pueblo oprimido. “Os está esperando”, responde el profeta, para haceros gracia, para salvaros a cuantos confiéis en él. Una vez más la fe como disyuntiva.

Y ahora, con un lenguaje más sencillo, naturalista y apocalíptico a la vez, describirá esta intervención de Yavé en favor de su pueblo. Yavé esperará hasta que llegue su hora. Será entonces cuando muestre toda su misericordia, oculta ahora mientras comen el pan de la angustia y beben el agua de la congoja. Hasta los maestros de la Ley y los profetas cortesanos, ahora avergonzados y sin respuesta, mostrarán seguros el camino recto cuando les asalte la duda en su caminar.

Con esta garantía por delante, el valor de los ídolos de su vida lo despreciarán como escoria inmunda. En compensación tendrán las riquezas de Yavé asociadas por el profeta a los bienes naturales. Plenitud de lluvias y semillas selectas. ¿Qué más podían imaginar aquellos hombres de los montes estépicos de Judá, que todavía en nuestros días siguen unciendo al arado un buey y un asno, evidente signo de pobreza y subdesarrollo?.

Pues el profeta, con un lenguaje hiperbólico, les ofrecerá aún mucho más. En los más altos riscos brotarán arroyos y corrientes de agua. Hasta los animales de trabajo, alimentados ordinariamente de las míseras hierbas de la estepa y del deshecho de la cosecha, comerán de los mejores y más selectos piensos reservados para los animales del sacrificio. Incluso la misma naturaleza quedará transformada. La luna brillará como el sol y el sol siete veces más. Algo realmente inimaginable y que Yavé tenía reservado, pasada la prueba, para cuantos confiaran en Él.

Es casi imposible encontrar un lenguaje más sencillo cercano al pueblo con que poder irle enseñando, bajo imágenes y figuras, la realidad de los bienes futuros en el nuevo reino teocrático del Mesías. Como siempre, basta creer, ponerse plenamente confiados en manos de Yavé.+

Enviado el Sábado, 09 diciembre a las 00:00:00 por Administracion
 
 
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