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Nuestro Blog: La Mística

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Lecturas del día 29-11-2017

LITURGIA DE LA PALABRA.

Dn 5,1-6.13-14.16-17.23-28: Aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo
Interleccional: Dn 3,62-67: ¡Ensálcenlo con himnos por los siglos!
Lc 21, 12-19: No se perderá ni un cabello de su cabeza

Estos versículos hablan de la persecución que ineludiblemente sufrirán los discípulos. El término “entregar”, que se refiere a las aflicciones que padece una Iglesia perseguida, mantiene una estrecha relación con la pasión de Jesús.

El sufrimiento que experimenta la comunidad cristiana se convertirá en ocasión para dar testimonio, en medio de situaciones límites que no permiten elaborar discursos preparados. Jesús mismo guiará a los testigos en su testimonio, que nadie podrá resistir ni refutar.

En esta exhortación hay un llamado claro a la esperanza y al compromiso testimonial, para que la Iglesia sea fiel hasta el final. La misma exhortación pretende ayudar a la comunidad de los seguidores de Jesús para que, asumiendo con realismo su situación en medio de la crudeza del imperio romano, pueda proyectarse hacia el futuro desarrollando la misión que Jesús le ha encomendado.

La Palabra invita a confiar en el Señor, quien permitirá a sus discípulos enfrentar las situaciones difíciles, con la certeza de saber que él siempre está presente y que nunca abandona a los suyos.

PRIMERA LECTURA.
Daniel 5,1-6.13-14.16-17.23-28
Aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo

En aquellos días, el rey Baltasar ofreció un banquete a mil nobles del reino, y se puso a beber delante de todos. Después de probar el vino, mandó traer los vasos de oro y plata que su padre, Nabucodonosor, había cogido en el templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y concubinas. Cuando trajeron los vasos de oro que habían cogido en el templo de Jerusalén, brindaron con ellos el rey y los nobles, sus mujeres y concubinas. Apurando el vino, alababan a los dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera. De repente, aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo sobre el revoco del muro del palacio, frente al candelabro, y el rey veía cómo escribían los dedos. Entonces su rostro palideció, la mente se le turbó, le faltaron las fuerzas, las rodillas le entrechocaban.

Trajeron a Daniel ante el rey, y éste le preguntó: "¿Eres tú Daniel, uno de los judíos desterrados que trajo de Judea el rey, mi padre? Me han dicho que posees espíritu de profecía, inteligencia, prudencia y un saber extraordinario. Me han dicho que tú puedes interpretar sueños y resolver problemas; pues bien, si logras leer lo escrito y explicarme su sentido, te vestirás de púrpura, llevarás un collar de oro y ocuparás el tercer puesto en mi reino."

Entonces Daniel habló así al rey: "Quédate con tus dones y da a otros tus regalos. Yo leeré al rey lo escrito y le explicaré su sentido. Te has rebelado contra el Señor del cielo, has hecho traer los vasos de su templo, para brindar con ellos en compañía de tus nobles, tus mujeres y concubinas. Habéis alabado a dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera, que ni ven, ni oyen, ni entienden; mientras que al Dios dueño de vuestra vida y vuestras empresas no lo has honrado. Por eso Dios ha enviado esa mano para escribir ese texto. Lo que está escrito es: "Contado, Pesado, Dividido". La interpretación es ésta: "Contado": Dios ha contado los días de tu reinado y les ha señalado el límite; "Pesado": te ha pesado en la balanza y te falta peso; "Dividido": tu reino se ha dividido y se lo entregan a medos y persas."

Palabra de Dios.

Interleccional: Daniel 3,62-67
R/.Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Sol y luna, bendecid al Señor. R.

Astros del cielo, bendecid al Señor. R.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor. R.

Vientos todos, bendecid al Señor. R.

Fuego y calor, bendecid al Señor. R.

Fríos y heladas, bendecid al Señor. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Lucas 21, 12-19
Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Os echarán mano, os perseguirán, estregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas."

Palabra del Señor.


Reflexion de la Primera Lectura: Daniel 5,1-6.13-14.16-17.23-28. Aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo

Este capítulo empieza dando una nueva idea de la esclavitud de Daniel. Mientras que, con gran pavor del rey Baltasar (se trata de Bel-shar-usur, hijo, no de Nabucodonosor, sino del último rey babilonio Nabónides), los adivinos oficiales se han mostrado incapaces de leer y descifrar la inscripción misteriosa escrita en las paredes del salón de banquetes de palacio, Daniel lo logra sin ninguna dificultad. Como ha profanado los vasos sagrados del templo de Jerusalén, Baltasar será asesinado y su reino repartido entre los medos y los persas.

Pero Baltasar no es, evidentemente, más que un hombre ficticio.

No es a él a quien se refiere Daniel sino a Antíoco Epífanes, el Seléucida impío que el 169 a. C. había saqueado el templo de Jerusalén, antes de profanarlo, en el 167, con la erección de un altar idólatra. Se observará, por otra parte, que el banquete ofrecido por Baltasar termina en una borrachera general, lo cual podría hacer alusión a las orgías de las Bacanales introducidas en Jerusalén por Antíoco. Por tanto, Dn 5 es un buen ejemplo de ficción histórica que permite atacar a Antíoco veladamente.

-El festín de Baltasar.

En un texto tan «coloreado» de detalles concretos y que ha inspirado a tantos pintores célebres, es evidente que hay que retener lo esencial. Este festín es como el símbolo del «paganismo» de todos los tiempos.

-"La seducción del orgullo": un gran festín... de mil invitados... comiendo en vajilla de oro y plata. El rey hace alarde de su lujo. ¿Quién paga el costo de todo esto? Los pobres de su reino, sin duda. Pero no piensa en ello. Deslumbra y aplasta a los humildes con su orgullo.

-«La seducción de la carne»... nos imaginamos la orgía sensual que los artistas han hecho resaltar... la abundancia de vinos... las «mujeres y las cantoras». Cuando la humanidad se abandona a sus instintos, excitada por el alcohol y el sexo ya no se detiene en el camino de la degradación y del envilecimiento.

-«El insulto a Dios»: en este estado es frecuente que el hombre se las haya con Dios. Baltasar, para mostrarse completamente «libre de todos los tabúes religiosos», imaginó «beber en los vasos sagrados, robados antaño al templo». Hay muchas otras maneras de burlarse de Dios.

-«El miedo y la angustia del más allá»: Se habla hoy mucho de la angustia metafísica del ateo. Se constata la proliferación de prácticas supersticiosas y mágicas, en las personas que no creen en el verdadero Dios. «El rey empalideció, su pensamiento se turbó, sus piernas temblaron». Tiene miedo ante el misterio.

-Tú no has glorificado al Dios que tiene en sus manos tu propio aliento y de quien dependen todos tus caminos...

Frente a ese materialismo pagano, Daniel recuerda «al verdadero Dios».

Al hombre que pretende pasarse de Dios, el profeta, con una sola palabra le recuerda su dependencia radical: «¡Dios es el que tiene en sus manos tu propio aliento!»

HOMBRE-CREATURA:

Repito para mí esta palabra divina. En una imagen sorprendente, expresa lo muy pobre, efímero y limitado que soy. Sé que un día mi aliento se detendrá. Sé que soy «mortal».

¿Qué conclusiones debería yo sacar de esto? ¿Qué actitud debería ser la mía ante esta verdad? ¿Qué oración me sugiere esto?

-Dios ha «medido» tu reino.

A la muerte de Nabucodonosor, lo sabemos, el Imperio de Babilonia se escindió en dos imperios rivales, los Medas y los Persas. Acontecimiento histórico. Acontecimiento político, humano. Todo esto no está allende de Dios, esto está «en sus manos».

-Has sido pesado en la balanza y encontrado falto de peso.

Ese gran rey se creía muy importante y ¡Dios lo encuentra falto de peso! Considerados desde el punto de vista de Dios, los hombres no tienen las mismas proporciones que les asignamos aquí abajo. Aquel que está al frente de una gran empresa, aquel que es adulado, respetado y envidiado... es quizá considerado por Dios como «falto de peso».

Aquel que es despreciado, aquél a quien no se da importancia... ¡es quizá considerado por Dios como importante y grande!

Ayúdanos, Señor, a apreciar toda cosa y todo hombre al peso real, a la densidad divina.

¿Qué es lo que puede dar peso a mi jornada de hoy? ¿Qué amor he de poner en todas mis acciones? ¿Qué oración dará densidad a mi vida?

Reflexión del Salmo Interleccional Daniel 3, 62-67.¡Ensálcenlo con himnos por los siglos!

En el capítulo 3 del libro de Daniel se halla una hermosa oración, en forma de letanía, un verdadero cántico de las criaturas, que la liturgia de Laudes nos propone muchas veces, en fragmentos diversos.

Ahora hemos escuchado su parte fundamental, un grandioso coro cósmico, enmarcado por dos antífonas a modo de síntesis: «Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos. (...) Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos» (vv. 56 y 57).

Entre estas dos aclamaciones se desarrolla un solemne himno de alabanza, que se expresa con la repetida invitación «bendecid»: formalmente, se trata sólo de una invitación a bendecir a Dios dirigida a toda la creación; en realidad, se trata de un canto de acción de gracias que los fieles elevan al Señor por todas las maravillas del universo. El hombre se hace portavoz de toda la creación para alabar y dar gracias a Dios.

2. Este himno, cantado por tres jóvenes judíos que invitan a todas las criaturas a alabar a Dios, desemboca en una situación dramática. Los tres jóvenes, perseguidos por el soberano babilonio, son arrojados a un horno de fuego ardiente a causa de su fe. Y aunque están a punto de sufrir el martirio, se ponen a cantar, alegres, alabando a Dios. El dolor terrible y violento de la prueba desaparece, se disuelve en presencia de la oración y la contemplación. Es precisamente esta actitud de abandono confiado la que suscita la intervención divina.

En efecto, como atestigua sugestivamente el relato de Daniel: «El ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, empujó fuera del horno la llama de fuego, y les sopló, en medio del horno, como un frescor de brisa y de rocío, de suerte que el fuego no los tocó siquiera ni les causó dolor ni molestia» (vv. 49-50). Las pesadillas se disipan como la niebla ante el sol, los miedos se disuelven y el sufrimiento desaparece cuando todo el ser humano se convierte en alabanza y confianza, espera y esperanza. Esta es la fuerza de la oración cuando es pura, intensa, llena de abandono en Dios, providente y redentor.

3. El cántico de los tres jóvenes hace desfilar ante nuestros ojos una especie de procesión cósmica, que parte del cielo poblado de ángeles, donde brillan también el sol, la luna y las estrellas. Desde allí Dios derrama sobre la tierra el don de las aguas que están sobre los cielos (cf. v. 60), es decir, la lluvia y el rocío (cf. v. 64).

Pero he aquí que soplan los vientos, estallan los rayos e irrumpen las estaciones con el calor y el frío, con el ardor del verano, pero también con la escarcha, el hielo y la nieve (cf. vv. 65-70 y 73). El poeta incluye también en el canto de alabanza al Creador el ritmo del tiempo, el día y la noche, la luz y las tinieblas (cf. vv. 71-72). Por último, la mirada se detiene también en la tierra, partiendo de las cimas de los montes, realidades que parecen unir el cielo y la tierra (cf. vv. 74-75).

Entonces se unen a la alabanza a Dios las criaturas vegetales que germinan en la tierra (cf. v. 76), las fuentes, que dan vida y frescura, los mares y ríos, con sus aguas abundantes y misteriosas (cf. vv. 77-78). En efecto, el cantor evoca también «los monstruos marinos» junto a los cetáceos (cf. v. 79), como signo del caos acuático primordial al que Dios impuso límites que es preciso respetar (cf. Sal 92,3-4; Jb 38,8-11; 40,15-41,26).

Viene luego el vasto y variado reino animal, que vive y se mueve en las aguas, en la tierra y en los cielos (cf. Dn 3,80-81).

4. El último actor de la creación que entra en escena es el hombre. En primer lugar, la mirada se extiende a todos los «hijos del hombre» (cf. v. 82); después, la atención se concentra en Israel, el pueblo de Dios (cf. v. 83); a continuación, vienen los que están consagrados plenamente a Dios, no sólo como sacerdotes (cf. v. 84) sino también como testigos de fe, de justicia y de verdad. Son los «siervos del Señor», las «almas y espíritus justos», los «santos y humildes de corazón» y, entre estos, sobresalen los tres jóvenes, Ananías, Azarías y Misael, portavoces de todas las criaturas en una alabanza universal y perenne (cf. vv. 85-88).

Constantemente han resonado los tres verbos de la glorificación divina, como en una letanía: «bendecid», «alabad» y «exaltad» al Señor. Esta es el alma auténtica de la oración y del canto: celebrar al Señor sin cesar, con la alegría de formar parte de un coro que comprende a todas las criaturas.

5. Quisiéramos concluir nuestra meditación citando a algunos santos Padres de la Iglesia como Orígenes, Hipólito, Basilio de Cesarea y Ambrosio de Milán, que comentaron el relato de los seis días de la creación (cf. Gn 1,1-2,4), precisamente en relación con el cántico de los tres jóvenes.

Nos limitamos a recoger el comentario de san Ambrosio, el cual, refiriéndose al cuarto día de la creación (cf. Gn 1,14-19), imagina que la tierra habla y, discurriendo sobre el sol, encuentra unidas a todas las criaturas en la alabanza a Dios: «En verdad, es bueno el sol, porque sirve, ayuda a mi fecundidad y alimenta mis frutos. Me ha sido dado para mi bien y sufre como yo la fatiga. Gime conmigo, para que llegue la adopción de los hijos y la redención del género humano, a fin de que también nosotros seamos liberados de la esclavitud. A mi lado, conmigo alaba al Creador, conmigo canta un himno al Señor, nuestro Dios. Donde el sol bendice, allí bendice la tierra, bendicen los árboles frutales, bendicen los animales, bendicen conmigo las aves» (I sei giorni della creazione, SAEMO, I, Milán-Roma 1977-1994, pp. 192-193).

Nadie está excluido de la bendición del Señor, ni siquiera los monstruos marinos (cf. Dn 3,79). En efecto, san Ambrosio prosigue: «También las serpientes alaban al Señor, porque su naturaleza y su aspecto revelan a nuestros ojos cierta belleza y muestran que tienen su justificación» (ib., pp. 103-104).

Con mayor razón, nosotros, los seres humanos, debemos unir a este concierto de alabanza nuestra voz alegre y confiada, acompañada por una vida coherente y fiel.

Reflexión Primera del Santo Evangelio: Lc 21, 12-19: No se perderá ni un cabello de su cabeza

El segundo de los «signos premonitorios» que precederán al fin es la persecución: también ésta es ya una realidad cuando Lucas escribe su evangelio. Antes que todo lo demás, antes de los cataclismos y de las guerras, los discípulos serán detenidos y llevados a juicio «por causa» del nombre de Jesús (v. 12). Esto les proporcionará, dice Jesús por medio de Lucas, la ocasión de dar testimonio (v. 13): es una lectura positiva de la persecución. Lucas dirige a los discípulos desorientados, que no saben cómo defenderse (v. 14), un mensaje de esperanza; más aún, les transmite la certeza de la victoria: Jesús mismo les dará el lenguaje y la sabiduría necesarios para contradecir las acusaciones (v. 15). El contraste entre él v. 12 y el v. 15 es paralelo al que se da entre los vv 16ss y los vv 18ss: a pesar de las traiciones, del odio y del aislamiento, «ni un cabello de vuestra cabeza se perderá», y las «almas» (psychás, las «vidas») de los discípulos se salvarán.

El lenguaje imaginativo y fuertemente evocador de los textos apocalípticos infunde terror; sin embargo, su mensaje es de esperanza. Las persecuciones, los abandonos y las traiciones no podrán nada contra quien se confía con sencillez al Señor. Los días del adversario están contados, dice Daniel; yo os daré lenguaje y sabiduría, dice Jesús, para reanimar los corazones desconcertados de los discípulos.

La Escritura no guarda silencio sobre las pruebas que pondrán en peligro la vida de los testigos, no se muestra engañosa o falsamente consoladora. Cuanto más vivo y realista es el cuadro de la catástrofe, tanto más resalta la firmeza de la fe: palidece de terror el arrogante Baltasar mientras resuenan seguras las palabras de Daniel: “Dios ha contado los días de tu reinado y ha señalado un límite”.

Reflexión Segunda del Santo Evangelio: Lc 21, 5-19 (21, 5-11/21, 12-19),Todos os odiaran por causa mía.

Jesús no vino a destruir directamente el judaísmo. Por eso, ha confesado, con los fariseos y los apocalípticos, que los muertos de Israel (Abraham, Isaac, Jacob...) han encontrado en Dios la hondura de su vida (20, 27-40). Sin embargo, cuando Israel se encierra en sus fronteras y no admite la purificación que Jesús le ha transmitido (cfr. 19, 45-48), su templo (su presente religioso) se ha venido a convertir en una pura realidad del mundo. Pertenece a las funciones de la tierra que no tiene más ley que el perecer y que por tanto se dirige hacia su ruina (21, 5-6). Con toda su belleza y con su antigua hondura de señal de Dios sobre la tierra el templo de Sión lleva en sí mismo los rasgos de la muerte.

¿Cuándo? Precisamente Jesús habla en el templo (19, 47-48; 21, 37-38); desde allí supera lo que es sólo realidad que pasa y nos dirige hacia la auténtica verdad definitiva. ¿Por eso, los discípulos preguntan: Cuándo? En vez de responder directamente, Jesús dirige nuestros ojos hacia el destino universal del cosmos y la historia. Con eso entramos en ambiente apocalíptico…

Ante todo este problema, la pregunta que formula la inquietud humana sigue siendo: ¿Cuándo? Quisiéramos saber cómo adivinar el sentido del futuro, las fechas del final, la forma de vencer su angustia. En el fondo, esa actitud responde al miedo; es miedo ante la vida y falta de confianza ante el destino que, para nosotros, viene a recibir los rasgos de Dios Padre. Frente a toda esa pregunta, el evangelio no presenta soluciones hechas; lo que importa es arraigarse en la verdad del Cristo.

Aunque vivamos apoyados en el Cristo, escucharemos voces que nos dicen «yo soy» y “el momento está cerca” Sentiremos la dureza de la guerra, del odio en la familia y la dureza de una vida que parece convertirse en sin sentido. Todo eso implica que estamos sosteniendo la batalla decisiva, la agonía de los tiempos que se acaban. Pues bien, Jesús nos dice «estad tranquilos»; por muy posible que parezca el sesgo de las cosas de la tierra, puede convertirse en destrucción o ruina decisiva. Decisivo sólo es Cristo (21, 8-9).

Sobre el fondo de la inseguridad cósmica, sobre el riesgo de la inquietud política que enloquece decisivamente por momentos, los discípulos del Cristo pueden mantenerse siempre firmes. Su firmeza está basada en la asistencia de Jesús, el Cristo; por eso pueden conservarla en medio de las persecuciones de la historia, en el centro de unas condiciones que parecen plenamente adversas (21, 10-19).

Esta firmeza de la Iglesia (los discípulos) en medio de la inseguridad de un mundo que vacila, en el interior de una sociedad que se rebela contra todos los valores de lo Justo y de lo santo, es testimonio y consecuencia de la verdad de Jesucristo. Nos acecha la tentación de prescindir de la exigencia de Jesús y convertirnos simplemente a los valores de este mundo (violencia, compromiso con el poder, riqueza, propaganda). Pues bien, en medio de la duda, el evangelio nos promete que sólo en Jesucristo encontraremos la firmeza sólida (y la Victoria) de la vida.

Esa victoria de Jesús no se confunde con el fin feliz de una novela. Desde una perspectiva de la tierra, el fin será un fracaso; supondrá probablemente soledad respecto a los antiguos amigos y a los miembros del grupo familiar que busca el éxito o progreso en esta vida; supondrá dificultades con respecto a los poderes de este mundo, que siempre desconfían del que anuncia otras verdades y exigencias; parecerá que las leyes de la, naturaleza y de la historia se ríen de la ilusión y de la utopía del cristiano. Pues bien, cuando todo se haya unido para señalar la vanidad de la vida del cristiano, Jesús se ha permitido añadir una palabra: «No se perderá un cabello de vuestra cabeza» (21, 18). Nada de Jesús está perdido con la Pascua; nada del cristiano puede perderse en el camino de su cruz y su fracaso, pues la vida de la Pascua lo devuelve todo victorioso y transformado.

Reflexión Tercera del Santo Evangelio: Lc 21,12-19, Prepararse para las persecuciones.

Todos os odiarán por mi causa. En la historia se suceden períodos de clericalismo y de anticlericalismo, expresión poco simpática e incompleta. Los valores religiosos atraen o suscitan aversión. A veces, la aversión toma la forma de un fanatismo difícil de explicar desde el punto de vista psicológico.

Si a uno no le gusta la música, no va a conciertos. Sin embargo, no se le ocurre cerrar los auditorios o meter en la cárcel a los músicos, ¿Cuál es la lógica según la cual, quien no cree en Dios, comienza a ver como enemigo a una monja de clausura? El ateísmo no es sólo una cuestión de convicción intelectual. La mayor parte de los que dicen que no creen tienen miedo de Dios y, después, transmiten esta actitud suya a todos y a todo lo que le recuerda a Dios. No soportan una cruz colgada de la pared y escupen delante de los sacerdotes. Uno de los religiosos a quien hicieron un gesto de este tipo se dirigió a la persona con estas palabras: qué hermoso sería si usted lograra escupir de verdad todo lo negro que tiene en el corazón. Rezaré por ello.

No preparéis de antemano vuestra defensa. Un buen abogado defensor puede ganar un proceso y, después, se hace pagar bien, y tiene derecho a ello. Ha estudiado el caso a fondo, ha previsto las preguntas del juez y las objeciones de la parte contraria. Afortunadamente, no somos llamados con frecuencia al juzgado; pero nuestro ambiente nos juzga continuamente. Preparémonos para defender nuestro trabajo y nuestra conducta de las acusaciones y sospechas. Cuando están en juego los intereses de Dios, debemos prepararnos igualmente bien para defenderlos con eficacia.

Pero, en este caso, interviene otro factor: Dios mismo se defiende. En la actualidad muchos lo acusan, pero la historia le da siempre la razón, porque es una revelación progresiva de la salvación. A lo largo de los siglos ha habido defensores de la fe a quienes Dios mismo ha revelado qué debían decir en el momento justo. Así, han confesado ante el mundo la verdad que vence.

Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Para entrar en un país extranjero, es necesario enseñar el pasaporte en la frontera y, si no lo hacemos, la policía nos detendrá. Los pasaportes antiguos eran una especie de carta de recomendación. La carta comenzaba asegurando que el posesor del documento estaba, por ejemplo, bajo la protección de la república de Venecia y se recomendaba que trataran con el debido respeto al propio ciudadano. En el medioevo, este documento se llamaba salvoconducto para el viaje.

En sentido figurado, estamos siempre de viaje a través de un territorio extranjero, porque nuestra patria, como dice san Pablo, está en los cielos (2Co 5,-1). También nosotros recibimos de Dios un pasaporte, un salvoconducto para el extranjero. No está escrito, pero tenemos su garantía personal de estar bajo su protección y de que toda humillación sufrida por nuestra persona es una ofensa directa a Él, a nuestro Protector. ¿Puede haber algo más seguro?

Reflexión Cuarta del Santo Evangelio Lc 21, 12-39. Por mi causa os meteran presos

Os echarán mano y os perseguirán; os llevarán a las sinagogas y os meterán en la cárcel.

Jesús anuncia que sus discípulos serán perseguidos, antes de la destrucción de Jerusalén y del Templo.

Cuando Lucas escribía su evangelio, ¡eso ya había sucedido ! «Pedro y Juan hablaban al pueblo... El jefe del Templo y los saduceos fueron hacia ellos. Les echaron mano y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente», cuenta el mismo san Lucas en los Hechos de los Apóstoles (4, 1-3; 5, 18; 8, 3; /2 4). «Los magistrados de la ciudad de Filipos dieron orden de que quitaran la ropa de Pablo y de Silas y los apalearan. Después de molerlos a palos los metieron en la cárcel.» (Hechos 16, 22)

Los apóstoles habían pedido señales. Una es ésta: la persecución. La espera del final de los tiempos es una prueba.

Esto es lo que predijo Jesús... y no la fecha del fin del mundo.

-Os harán comparecer ante Reyes y Gobernadores a causa de mi Nombre.

El Nombre. Jesús, que es:

Signo de contradicción. Nombre que se escarnece. Nombre que se rechaza. El «nombre» es símbolo de la persona.

Los mismos apóstoles, que sabían todas esas cosas, porque ya Jesús les había anunciado que sucederían, algunos años más tarde «saldrán del Gran Consejo contentos de haber merecido aquel ultraje por causa del nombre de Jesús (Hechos 5, 41)

Sin embargo, a ellos igual que a nosotros no les gustaban los ultrajes ni tampoco el sufrimiento.

Entonces, ¿por qué estaban tan contentos?

-Así tendréis ocasión de dar Testimonio.

La persecución es una suerte, un gozo, porque es una ocasión de anunciar la «buena nueva» de Jesús, es una evangelización .

San Pablo repetirá a menudo cuán útiles fueron para él sus encarcelamientos para evangelizar: era un medio paradójico de dirigirse a las más altas autoridades de la época.

Paganos influyentes oían así hablar de Cristo: Agripa II (Hechos 26, 1). Los procuradores Galión en Corinto (Hechos 18, 12), y Felix, y Festo en Cesarea (Hechos 24, 1; 25, 1)... y los jueces y los guardias de la cárcel. «Se ha hecho público en todo el Pretorio que me hallo en cadenas a causa de Cristo» (Filipenses 1, 12)

¿Tengo yo ese mismo optimismo? ¿Sé yo aprovechar algunas situaciones, aparentemente desfavorables, como una ocasión propicia para anunciar la buena nueva?

Testimoniar. Ser testigo.

¡Presentarme como testigo de la defensa en el proceso que el mundo de hoy, y de todas las épocas, hace a Jesús!

-Por tanto, meteos en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa: yo mismo os inspiraré palabras tan acertadas que ningún adversario os podrá oponer resistencia ni contradeciros.

¡Pues sí! En ninguno de los tribunales de Imperio, ¡nadie entendía nada! Quedaban muy asombrados, «porque se trataba de hombres sin instrucción» (Hechos 4, 13) Los primeros cristianos no eran, en absoluto, sabios teólogos.

Y los judíos cultivados en el helenismo se preguntaban de dónde venía a Esteban su sabiduría. (Hechos 6, 10)

Lucas, que escribe esas frases en plena persecución, nos hace partícipes de ese optimismo sensacional de los primeros testigos de la Iglesia primitiva.

-Todos seréis detestados por causa de mi Nombre. Pero ni un solo cabello de vuestra cabeza se perderá. ¡Con vuestro aguante y perseverancia conseguiréis la Vida!

Perseverancia. Paciencia. Gozo, a pesar de todo.

¿Estoy yo convencido que yendo hacia mi "fin" voy hacia la "Vida"?

Reflexión del Santo Evangelio L 21, 12-19.Os odiarán por mi casa pero ni un solo cabello os tocarán

Discurso apocalíptico de Jesús: a los seguidores se les promete la persecución.

Ningún político de la actualidad se podría animar a proponer la persecución como el resultado de su triunfo electoral. Tampoco ningún líder prometería la muerte y la separación familiar a sus seguidores.

Sin embargo, éste es el discurso de Jesús. Prevé la cárcel, la persecución, la excomunión, a quienes lleven su nombre. Y estos males no provendrán de desconocidos. Serán los mismos familiares, los vecinos, los amigos, quienes los entregarán al poder op resor. No, decididamente Jesús no sería hoy un buen político. No podría hacer buena campaña en los medios de comunicación; ni siquiera podría dirigir una comunidad religiosa.

Pero lo bueno de esta promesa es que Jesús no ha mentido. Quienes han optado por el mensaje de liberación han sufrido todas esas cosas. En definitiva sabían lo que vendría como consecuencia de sus opciones. No los sorprendió la traición, y hasta podría mos decir que la esperaban. No quedaron desahuciados por la expulsión de sus grupos religiosos, porque sabían que en el seno de ellos estaba acechando el mal y la envidia.

Incluso hay que afirmar que cuando la predicación del Evangelio no molesta a nadie del poder de turno es porque se ha hecho parte del poder y ha perdido su fuerza. Quienes siguen a Cristo decididamente han debido optar por el “no-poder” y eso molesta a l poder. Por eso el mensaje de vida del evangelio, paradójicamente, genera muerte. Los testigos son traicionados, encarcelados, difamados, expulsados de sus grupos religiosos, torturados, asesinados. ¿Vale la pena este futuro?

Pero como la Palabra de Dios hay que asumirla en su totalidad, es necesario completar este análisis con la lectura del Apocalipsis. En el texto de este día se afirma que los vencidos vencerán a la Bestia. Es decir, el poder que amenaza no es eterno, y su derrota está en lo que aparenta ser su victoria: nuevamente la paradoja.

La muerte, para el evangelio, es Vida y triunfo. Porque la Bestia es derrotada en cada mártir que genera. Porque la luz de estos testigos de la vida sigue tanto o más fuerte en su pueblo que cuando ellos vivían. Porque su mensaje, luego de su muerte, s e hace creíble y esperanzador. La Bestia, la matar, es vencida aunque cree que ha vencido. Porque la Bestia no puede cortar toda la vida que está en los testigos, ni puede cortar la vida de todo un pueblo.

Por eso sigue siendo válido seguir a Cristo. Porque la vida triunfa sobre la muerte que la Bestia vomita, porque esta Bestia podrá matar a algunos testigos, pero su mismo acto de matar está demostrando que fue vencida. Y aunque quiera hacer callar a al gunos, otros miles se levantan con las mismas palabras del caído, en miles de voces nuevas. Y ese canto, el canto de los vencedores, será el Canto al Cordero, porque ellos saben que no hay nada por encima del poder de Dios.

Elevación Espiritual para este día.

Sedme fieles. No temáis: maestros de la Ley y fariseos, autoridades y poderosos serán vuestros enemigos. Pareceréis abandonados —en realidad, estaréis seguros—. ¿Dónde? En lo más seguro que el Señor ha ofrecido: en la Providencia. Ya hemos visto una vez lo que significa Providencia: no es el orden de la naturaleza, que se impone de por sí, sino el que el Padre establece en el hombre, que se le da por fe, siempre que el hombre reconozca a Dios como su Padre, se confíe a él y se tome a pecho, como ninguna otra cosa, el celo por su Reino.

De este modo, los apóstoles no se espantarán frente a la persecución, porque estarán protegidos, y aunque tuvieran que perecer, ni siquiera entonces temerán, pues estarán convencidos de que lo que cuenta es inviolable. Quien los mate matará sólo el cuerpo; no pueden perjudicar al alma, pues está recogida en la fe de Jesús. También al alma le llega la hora de decidir entre la vida y la muerte: ante Dios, en el tribunal supremo. Dios la puede lanzar a la muerte eterna. Esto es lo único que deben temer los discípulos. Pero si han optado por Jesús, están vivos ante Dios y gozan de la vida eterna. La decisión mediante la que alguien se pone de parte de Jesús se lleva a cabo en lo exiguo de un instante, pero funda la eternidad.

¿Cómo debe comportarse, entonces, el hombre? Concentrando el espíritu en lo que dura eternamente y dejando que las cosas caducas pasen su tiempo. En Dios, no en el tiempo, debe estar su posesión. Ahora bien, esto sólo es posible cuando se tiene fe en Cristo. Entonces el hombre, viviendo de esta fe, puede obtener frutos de inmortalidad en las mismas cosas terrenas.

Reflexión Espiritual para el día.

Frente a la pérdida del sentido, los creyentes están llamados sobre todo a poner a Cristo en el centro, calificándose como discípulos suyos, apasionados por su verdad, lo único que libera y salva. «Ven y sígueme» es la llamada que resuena hoy más que nunca para los creyentes, porque hoy más que nunca es menester decir con la vida que hay razones para vivir y para vivir juntos, y que estas razones no están en nosotros mismos, sino en ese último horizonte que la fe nos hace reconocer como revelado y dado en Jesucristo. Se trata de redescubrir el primado de Dios en la fe y, por consiguiente, el primado de la dimensión contemplativa de la vida, entendida como fiel unión a Cristo en Dios, manteniendo el corazón atento al horizonte último que se nos ofrece en él. Tenemos necesidad de cristianos adultos, convencidos de su fe, expertos en la vida según el Espíritu, dispuestos a dar razón de su esperanza. En este sentido, la caridad más grande que se pide hoy a los discípulos del Crucificado resucitado es ser, con su vida, discípulos y testigos de aquel que es el verdadero sentido que no defrauda, la verdad que salva. En segundo lugar, los cristianos están llamados, hoy más que nunca, a hacerse siervos por amor, viviendo el éxodo de sí mismos sin retorno, siguiendo al Abandonado, construyendo el camino en comunión, mostrándose solidarios especialmente con los más débiles y los más pobres de sus compañeros de camino. Si Cristo está en el centro de nuestra vida y de la vida de toda la Iglesia, si él es aquel al que estamos suspendidos, atados a su cruz, iluminados por su resurrección, entonces no podemos consideramos fuera de la historia de sufrimiento y lágrimas a la que él ha venido y donde ha hincado su cruz, para extender en ella el poder de su victoria pascual. Los discípulos de la verdad que salva no están nunca solos; están con él, al servicio del prójimo, viviendo así en la compañía del Dios con nosotros.

El rostro de los personajes, pasajes y narraciones de la Sagrada Biblia y del Magisterio de la Santa Iglesia. Alma humana y evolución

Diálogo de Mariano Artigas con Sir John Eccles, que es Premio Nobel de Medicina por sus trabajos acerca del cerebro. En su obra The Wonder of Being Human (New York, The Fee Press, 1984) expone los avances científicos que permiten localizar qué partes del cerebro están implicadas en los movimientos voluntarios, los cuales son irreductibles a explicaciones causales fisiológicas. Mariano Artigas es doctor en Ciencias y Filosofía, profesor de Filosofía de la naturaleza en la Universidad de Navarra; autor de muy numerosos trabajos publicados sobre cuestiones científico filosóficas. Dos de sus libros se refieren a materias relacionadas con nuestro asunto: Las Fronteras del evolucionismo (con prólogo de John Eccles) y Ciencia, razón y fe (ambos editados por Ed. Palabra, Madrid 1985).

Ofrecemos a continuación un diálogo entre Sir John Eccles y el profesor Artigas acerca del alma humana, la ciencia y la religión.

LO QUE EXPLICA EL «EMERGENTISMO»

El 11 de abril de 1980, usted dio una conferencia sobre Lenguaje, pensamiento y cerebro, en el Simposio de la «Académie Internationale de Philosophie des Sciences» de Bruselas. En el coloquio, yo le pregunté sobre un tema que ya habíamos comentado en privado: el emergentismo, o sea, la teoría según la cual, en el curso de la evolución, los aspectos propios del hombre tales como los que solemos llamar espirituales, habrían surgido por emergencia a partir de la organización de lo material. A pesar de que esta doctrina ha alcanzado cierta difusión yo no la comparto, y me parece que usted tampoco.

Efectivamente, el «emergentismo» no explica nada. No es más que un nombre sin contenido real, una etiqueta. Además, si lo que se pretende es decir que las características específicamente humanas surgen de la materia por «emergencia», se trata de un materialismo reduccionista pseudocientifico e inaceptable: la ciencia no proporciona ninguna base para esa doctrina.

El 1 de marzo de 1984, usted estuvo en Barcelona y dio, en el Paraninfo de la Facultad de Medicina, la primera lección Cajal, en memoria de los importantes trabajos que Ramón y Cajal realizó durante su estancia en Barcelona. Cajal recibió el Premio Nobel por sus estudios sobre el sistema nervioso en 1906. Usted lo recibió en 1963 por trabajos en la misma línea, dedicados al cerebro. En este siglo se han realizado avances muy importantes en ese campo fundamental para comprender la estructura de la persona humana. Algunos interpretan esos progresos en favor de posturas materialistas, y usted ha escrito bastante sobre este tema. ¿Podría sintetizar cómo ve la cuestión?

EL MATERIALISMO ES UNA SUPERSTICION

El materialismo carece de base científica, y los científicos que lo defienden están, en realidad, creyendo en una superstición. Lleva a negar la libertad y los valores morales, pues la conducta sería el resultado de los estímulos materiales. Niega el amor, que acaba siendo reducido a instinto sexual: por eso, Popper ha dicho que Freud ha sido uno de los personajes que más daño han hecho a la humanidad en el último siglo y tuvo ocasión de comprobar que el método de Freud no es científico, pues trabajó hace muchos años en Viena en una clínica donde se aplicaba ese método. El materialismo, si se lleva a sus consecuencias, niega las experiencias más importantes de la vida humana: «nuestro mundo» personal seria imposible".

Siguiendo con esta cuestión, hay quien dice que podemos estudiar científicamente el cerebro, pero, en cambio, no tenemos conocimientos fiables acerca del alma. ¿Qué podemos conocer del alma?.

Los sentimientos, las emociones, la percepción de la belleza, la creatividad, el amor, la amistad, los valores morales, los pensamientos, las intenciones... Todo «nuestro mundo», en definitiva. Y todo ello se relaciona con la voluntad; es aquí donde cae por su base el materialismo, pues no explica el hecho de que yo quiera hacer algo y lo haga.

Sin embargo, cabría pensar que, en el fondo, el funcionamiento de la persona está determinado por procesos materiales enormemente complejos que poco a poco vamos conociendo. Si en el cerebro hay unos cien mil millones de neuronas, y el número de sinapsis que establecen contactos podría ser del orden de 100 billones, siempre cabe remitirse a complejidades todavía mal conocidas que condicionarían un comportamiento determinista. Usted acaba de hablar de la voluntad. ¿Podría poner algún ejemplo sencillo de comportamiento no determinista?

La actividad cerebral nos permite realizar acciones de modo automático. Pero podemos añadir un nivel de conciencia. Por ejemplo, cuando camino, «quiero» ir más deprisa o más despacio. Incluso podemos envolver casi todo en la conciencia: «quiero» andar con aire de Charlot, pensando cada paso y cada movimiento...

Prosigamos todavía con este tema. El progreso futuro de la ciencia es difícil de prever. Algunos se preguntan si nuestras experiencias personales no son más que un aspecto subjetivo de los fenómenos físicos; ésta es la tesis de la teoría de la identidad psico-física, que en nuestra época sigue contando con defensores (por ejemplo, Herbert Feigl la ha expuesto de manera bastante sofisticada). Usted ha criticado esta teoría como una de las variantes del materialismo, la más extendida, llegando a decir que se trata de «una creencia religiosa sostenida por materialistas dogmáticos que a menudo confunden su religión con su ciencia», y que «tiene todos los rasgos de una profecía mesiánica».

Hasta hace poco, nada sabíamos de ondas electromagnéticas y de áreas cerebrales, y hay gente que no lo sabe tampoco ahora. Pero todos, y desde antiguo, sabemos de «nuestra vida». Para expresarla en palabras o acciones necesitamos el cerebro, como también, muchas veces, necesitamos de la laringe o de los músculos de la mano; pero ni la laringe, ni la mano, ni siquiera el cerebro son «nuestra vida». Desde luego, es fundamental investigar sobre la físico-química cerebral, pero nuestro «yo» sabe de «nuestra vida», no del cerebro.

¿Cómo se explica entonces que no pocas veces el ambiente científico parezca favorable a diversos tipos de materialismo?

Existe actualmente un «establishment» materialista que pretende apoyarse en la ciencia y parece coparlo todo. Entonces, yo soy un «hereje». Pero, en realidad, son muchos los científicos no materialistas y creyentes, también gente importante en los países del este de Europa. Una vez, en un debate televisivo, Monod me llamó «animista»; yo me limité a llamarle a él «supersticioso», porque presentaba su materialismo como si fuera cientifico, lo cual no es cierto: es una creencia, y de tipo supersticioso.

Evidentemente, su postura implica que existe en el hombre un alma espiritual que, siendo irreductible a lo material, debe ser creada para cada hombre por Dios. Usted lo ha escrito en sus obras. No deja de ser paradójico que, en una época en que algunos pensadores espiritualistas encuentran dificultades para hablar del alma, no las encuentre un Premio Nobel de neurofisiología que, al ocuparse del cerebro, estudia científicamente los aspectos del cuerpo más relacionados con el pensamiento y la voluntad.

Los fenómenos del mundo material son causas necesarias pero no suficientes para las experiencias conscientes y para mi «yo» en cuanto sujeto de experiencias conscientes. Hay argumentos serios que conducen al concepto religioso del alma y su creación especial por Dios. Creo que en mi existencia hay un misterio fundamental que trasciende toda explicación biológica del desarrollo de mi cuerpo (incluyendo el cerebro) con su herencia genética y su origen evolutivo; y que si es así, lo mismo he de creer de cada uno de los otros y de todos los seres humanos.

PROFUNDOS INTERROGANTES

Estoy de acuerdo, desde luego, con sus argumentos. Sin embargo, en sus obras expone hipótesis sobre la interacción entre espíritu y materia que me recuerdan planteamientos cartesiano poco satisfactorios. Convendrá en que la persona humana es una unidad en la que la realidad espiritual y la material no pueden concebirse como agentes separados; aunque esta tesis tenga su inevitable aire de misterio, pienso que es la única que hace justicia a los datos completos de nuestra experiencia.

La ciencia explica muchos fenómenos mediante las teorías de la gravedad; sin embargo, no sabemos decir qué es la gravedad en sí misma. El evolucionismo explica un cierto nivel de hechos, pero hay profundos interrogantes difíciles de explicar. No puede sorprender que, admitiendo con motivos bien fundados que en el hombre hay espíritu y materia, sea muy difícil e incluso misterioso comprender su relación. Yo he propuesto algunas hipótesis al respecto, pero está claro que se trata de un tema muy difícil. Sin embargo, esas dificultades no debilitan los argumentos que llevan a admitir el alma y su origen sobrenatural.

Me parece obvio que, en contra de lo que algunos siguen sosteniendo, las relaciones entre ciencia y fe son, bajo distintos aspectos, de cooperación, y que no hay conflictos reales entre ellas. Me gustaría que expresara su punto de vista al respecto, como científico y como creyente que admite muchas tesis evolucionistas.

He tenido ocasión de estar varias veces con el Papa Juan Pablo II, en una reunión con Premios Nobel y en otro encuentro con científicos. Tiene razón cuando dice que la ciencia y la religión no pueden contradecirse. Además, ¿no es una labor profundamente cristiana investigar la naturaleza creada por Dios? En el caso de Galileo, todos reconocen que hubo errores por ambas partes, que nadie desea repetir. Respecto al evolucionismo, ya Pío XII declaró que la Iglesia no se opone al estudio del origen del cuerpo humano; lo que sostiene es que Dios crea individualmente el alma de cada hombre, y a esto la ciencia no se puede oponer. Y esa es la base de la maravilla de ser hombre.

Como sucede con no pocos científicos de primera fila, usted se muestra siempre muy interesado por el impacto social de la ciencia. Ha escrito mucho al respecto, y parece preocupado por el impacto negativo de algunas interpretaciones que se presentan como científicas, que llevan en último término a una crisis de valores.

Sí. Me parece que el hombre ha perdido un poco el sentido de su condición humana, como si la ciencia dijera que es sólo un insignificante ser material en la inmensidad cósmica. Pero el hombre es mucho más de lo que dice el materialismo. Y necesita un nuevo aliento para volver a encontrar la esperanza y el sentido de su vida.

DESENMASCARAR LA PSEUDO-CIENCIA

Está claro que importa mucho desenmascarar la pseudo-ciencia en sus diversas manifestaciones, para evitar que el prestigio de la ciencia se utilice abusivamente en favor de ideologías que nada tienen que ver con ella. Hemos hablado ya de algunas de ellas. Sin embargo cabe preguntarse si la ciencia puede realizar tareas positivas en el ámbito de la existencia humana. Es evidente que lo hace en cuanto sirve de base a la técnica, pero el uso de la técnica es ambivalente, se puede utilizar para bien y para mal. ¿Se puede decir algo semejante acerca de la ciencia?

He escrito que, de hecho, la ciencia está impregnada de valores: de carácter ético, en nuestro esfuerzo por llegar a la verdad, y de carácter estético. Si conseguimos dar a la humanidad un concepto de la ciencia como un esfuerzo humano para comprender la naturaleza y ofrecer con toda humildad nuestros afanes para conseguirlo, la ciencia merecerá ser considerada como una obra grande y noble; en otro caso, corre el peligro de convertirse en un enorme monstruo, temido y venerado por el hombre y que lleva en sí la amenaza de destruirlo.

Vivimos una época de profundas transformaciones culturales, condicionadas en buena parte por el influyo de la ciencia. En este contexto, ¿qué podría decir respecto a los valores cristianos, tan relacionados con nuestra cultura?

Que los valores cristianos tienen una importancia grande para conseguir que la admirable empresa humana que es la ciencia esté verdaderamente al servicio del hombre. La ciencia moderna nació en unas circunstancias favorables debidas, en buena parte, al cristianismo, que lleva a ver al mundo como obra racional de un Creador infinitamente sabio, y al hombre como criatura hecha a imagen de Dios, con una inteligencia capaz de penetrar en el orden impreso por Dios en el mundo. Esa ciencia se desarrolló gracias al trabajo y a las convicciones de científicos profundamente cristianos. La ciencia y la fe son aliadas, no enemigas. Y la fe cristiana proporciona ayudas muy valiosas para que se evite un materialismo que nada tiene que ver con la ciencia, y para que la ciencia pueda contribuir a la solución de los graves problemas que tiene planteados hoy día la humanidad. +

Enviado el Miércoles, 29 noviembre a las 00:00:00 por Administracion
 
 
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