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Bienvenidos a nuestra Página Web

Esta página web nace con nuestro mayor cariño para dar a conocer, dentro de nuestras humildes posibilidades, la Palabra de Dios; los usos y  costumbres de la Iglesia Católica; la Compostura ante nuestro Dios dentro del Claustro de la Iglesia; diversas oraciones que los católicos debemos aprender; y otros muchos aspectos relacionados con nuestra Iglesia, algunos bien conocidos y otros menos.

También tendrán cabida, en cada una de las secciones, nuestras reflexiones en voz alta, que esperemos sean de ayuda para aquellos que nos honren con su visita en busca de mejorar su espiritualidad.

Además, si desea solicitarnos una oración para algún amigo o familar, remítanos su nombre utilizando el formulario que encontrará en ESTE ENLACE.

Gracias os damos

Gracias os damos, Dios de misericordia, por haber señalado vuestra clemencia para con nosotros al bendecir esta página, que comenzó su andadura hace ahora tres años, con un 6..000.000 de visitantes, a los cuales les damos gracias por atender lo que propusimos en el comienzo de nuestro caminar, al amparo misericordioso de vuestra Santa Palabra, atendiéndola, aprendiéndola y cumpliéndola bajo vuestra protección.


Cristo: El Gran Desconocido...


Mes de Enero: Jesús niño y adolescente


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Lecturas del día 27-01-2015

LITURGIA DE LA PALABRA.

Hb 10,1-10: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”
Sal 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”
Mc 3,31-35: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?”

Jesús está también en la mira de sus familiares, que probablemente contemplan maravillados todo lo que realiza. En este pasaje Jesús pone en evidencia su relación con su familia y con todos sus seguidores. Sus familiares habían manifestado ya sobre él su parecer, pero aún no habían recibido de sus labios alguna respuesta. La reciben ahora, ante la visita, quizás con propósito distinto, de su madre y sus más allegados. Las palabras de Jesús no manifiestan frialdad de sentimientos o desprecio de los vínculos familiares, tan estrechos en Palestina. Revelan más bien las exigencias que lleva consigo la llamada, a través de la cual se va constituyendo la nueva y verdadera familia de Jesús. Se trata, en consecuencia, de una exhortación a los allí sentados y, a través de ellos, a la comunidad cristiana de todos los tiempos. La escucha atenta de su Palabra y el cumplimiento de la voluntad de Dios serán los rasgos que caractericen siempre al auténtico discípulo.

El pedido que hace Jesús es a escuchar su Palabra. Esto nos remite a las palabras de los profetas que invitaban al pueblo a escuchar la Palabra de Yavé con el “shemá Israel”, es decir, “escucha, Israel”. Es ahora Jesús, el Mesías enviado de Dios, quien crea a través de su Palabra el nuevo pueblo de Dios. La invitación es a que escuchemos esa voz que nos habla en los acontecimientos de la vida diaria con familiares, amigos, vecinos…; en definitiva, en toda nuestra vida.

PRIMERA LECTURA.
Hebreos 10,1-10.
Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.

Hermanos: La Ley, que presenta sólo una sombra de los bienes definitivos y no la imagen auténtica de la realidad, siempre, con los mismos sacrificios, año tras ano, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan a ofrecerlos. Si no fuera así, habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados una vez, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia. Pero en estos mismos sacrificios se recuerdan los pecados ano tras año. Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: "Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad."" Primero dice: "No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias", que se ofrecen según la ley. Después añade: "Aquí estoy yo para hacer tu voluntad." Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 39
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: "Aquí estoy". R.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R.

No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Marcos 3,31-35.
El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: "Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan." Les contestó: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" Y, paseando la mirada por el corro, dijo: "Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre."

Palabra del Señor.

Enviado por Administracion el Martes, 27 enero a las 00:00:00 (94 Lecturas)
 
Lecturas del día 26-01-2015

LITURGIA DE LA PALABRA.

2Tim 1, 1-8: “Refrescando la memoria de tu fe sincera”
Sal 95: Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
Lc 10,1-9: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores, pocos”

La cosecha proporciona a Jesús la ocasión de su discurso. El trasforma a los cosechadores de trigo en cosechadores de hombres, como ya lo hizo con los pescadores. Pero la siega reviste una significación teológica importante en las Escrituras (Am 9,13-15). Y confiere una densidad particular a la misión de los discípulos: ésta es ya el compromiso de la humanidad con el reino que viene; preludia al juicio de Dios, porque su Palabra comporta su juicio y su discernimiento de los corazones. No es desde entonces extraño que la misión acabe muchas veces en persecución (v.3).

Mientras que la versión de Mateo nos muestra una visión de estas persecuciones en tono muy apocalíptico, Lucas prefiere atenerse a la enumeración de los consejos prácticos dados por Jesús a sus discípulos. Proyectado hacia la esperanza mesiánica y la proximidad de su objeto (v.9), el discípulo no puede ya atribuir valor a los medios y a las técnicas del mundo presente. La proximidad del reino le dispensa de preocuparse además por seguridades para su futuro; su pobreza tiene, pues, una significación profética. La pobreza del misionero es anunciadora del reino que viene.

El segundo consejo dado a los misioneros concierne a sus relaciones con sus anfitriones. Hace falta que expresen el carácter de peregrinos y nómades de los discípulos de Jesús, nunca instalados, siempre en camino hacia el reino.

PRIMERA LECTURA.
2Timoteo 1, 1-8.
Refrescando la memoria de tu fe sincera.

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, llamado a anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido; te deseo la gracia, misericordia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro. Doy gracias a Dios, a quien sirvo con pura conciencia, como mis antepasados, porque tengo siempre tu nombre en mis labios cuando rezo, de noche y de día. Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría, refrescando la memoria de tu fe sincera, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 95
R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor. R.

Decid a los pueblos: "El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente." R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Marcos 4,1-20.
Salió el sembrador a sembrar.

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: "Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno." Y añadió: "El que tenga oídos para oír, que oiga."

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas. Él les dijo: "A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que "por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen.""

Y añadió: "¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno."

Palabra del Señor.

Enviado por Administracion el Lunes, 26 enero a las 00:00:00 (92 Lecturas)
 
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